La exigencia central de Zejariá al pueblo durante la construcción del Templo no gira en torno a los sacrificios, sino en torno a la cualidad de la verdad. Así también en la Akedat Itzjak (el sacrificio de Itzja), el Señor no pidió la ofrenda — a Itzjak —, sino el corazón de Abraham, para probar si era verdadero.
El capítulo 8 trata extensamente la respuesta detallada del profeta a la pregunta de si continuar llorando en el mes de Av por la destrucción, o si había llegado el tiempo de la redención. El núcleo de su respuesta, como continuación de la respuesta de Yeshaiahu (58) a una pregunta similar sobre el ayuno de Yom Kipur, es que lo esencial del "ayuno" no es la abstención de comer y beber, sino la corrección de los actos que causaron la destrucción, y así el ayuno quedará rectificado. La exigencia central de Zejariá al pueblo:
"Estas son las cosas que deben hacer: digan la verdad unos a otros, juzguen con verdad y con juicio de paz en vuestros portones. No tramen en vuestro corazón el mal uno contra otro, ni amen el juramento falso; porque todas estas cosas son las que odio, declara el Señor" (versículos 16-17)
Nótese: Zejariá no advierte al pueblo del terrible pecado de la idolatría, y pareciera que de aquí deducen los Sabios (Yomá 69b) que en los días del Segundo Beit HaMIkdash, el Segundo Gran Templo el impulso hacia la idolatría fue anulado del pueblo. Zejariá tampoco habla, al tratar la construcción del Templo, en elogio de los sacrificios, sino en elogio de la verdad.
Pareciera que en sus palabras hay una nueva lectura del relato de la Akedá, el acontecimiento que santificó el monte Moriá para todas las generaciones bajo la proclamación de "El Señor proveerá" (Bereshit, capítulo 22, versículo14). Con el mandato de "no extiendas tu mano sobre el joven" (Bereshit, capítulo 22, versículo 12) quedó revelado que el Señor no pedía la ofrenda, a Itzjak. Pedía el corazón de Abraham, para probar si era verdadero. Si la disposición de Abraham a servir al Señor era plena y auténtica, o si acaso había en ella alguna falsedad que detuviera la fidelidad de Abraham a su Dios en el momento en que esto se tornara difícil.
Tanto sobre Abraham en el monte Moriá como sobre la exigencia de Zejariá al pueblo durante la construcción del Templo, pareciera que podemos leer el versículo:
"¿Quién subirá al monte del Señor, y quién estará en Su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro, que no ha alzado su alma a la vanidad ni ha jurado con engaño" (Tehilim, Salmos, capítulo 24, versículos 3-4)