Una persona que se pone a sí misma en peligro puede causarse una muerte que no es según el juicio de Hashem.
"Aun los pobres (tendrán) mucho alimento del barbecho (tierra que deja de sembrarse temporalmente para que descanse) (bien labrado), pero hay quien perece por falta de labranza bien realizada" (Versículo 23)
Este versículo del libro de Mishlei nos abre una puerta a una interesante discusión sobre la cuestión de la Providencia Divina y el libre albedrío del hombre.
El comienzo del versículo es una parábola del ámbito general: "mucho alimento del barbecho de los pobres". Y su significado es: el barbecho que los pobres, los humildes, labraron, produce mucho alimento — ¿para quién? Para otros, para los ricos, que no trabajaron ese alimento. El final del versículo amplía la injusticia descripta al comienzo: "y hay quien perece sin justicia". Así como hay un hombre que labora y otros comen del fruto de su trabajo, así hay un hombre que es castigado, y no por su propia iniquidad.
El versículo describe dos situaciones de injusticia: injusticia cuando una persona se beneficia del trabajo ajeno, e injusticia cuando una persona sufre a causa del pecado ajeno.
¿Quién es el que perece sin justicia? ¿Acaso es posible que una persona perezca sin justicia?
El rey David describió el camino de la Providencia Divina en la determinación del destino de una persona:
"Dijo David: Vive Hashem, que ciertamente Hashem lo herirá, o llegará el día en que muera, o descenderá a la batalla y perecerá" (Shmuel Alef, Capítulo 26, Versículo 10)
"Que no permita Hashem que yo extienda mi mano contra el ungido de Hashem" (allí, Versículo 11)
En dos casos la muerte viene sobre el hombre por manos del Cielo y con justicia: cuando llega su día, y termina su misión en el mundo; o cuando a causa de su pecado Hashem acorta sus días.
En cambio, un hombre puede causarse mal a sí mismo, acortar sus días también sin que la Providencia Divina decrete sobre él la muerte. Puede matarse a sí mismo, y también puede ponerse en un lugar donde el peligro es frecuente (como por ejemplo: "descenderá a la batalla y perecerá"). En ese caso puede un hombre perecer sin juicio Divino, y perece a causa de la ley Divina que dirige el mundo, y establece su orden según las leyes de la naturaleza que Dios incorporó en la realidad. Perece a causa de la ley que establece que si una persona se hiere a sí misma — la herida le dolerá; y si se mata — ya no vivirá.
Editado por el Equipo del sitio del Tanaj
Gentileza sitio Daat