Tras cerrar el capítulo sobre la institución de la profecía, Zejariá regresa al "rebaño del matadero" con una profecía estremecedora
La profecía, que sobrevivió las crisis de la destrucción y el exilio, no sobrevivió el retorno a Tzión y fue sellada tras Zejariá y Malají — ¿por qué?
Las crisis de la profecía popular comenzaron con la partida de Eliahu y la muerte de Elishá. Las crisis de la profecía literaria comenzaron en la generación de Menashé, se intensificaron con el ascenso de los caldeos (Javakuk), y alcanzaron su cúspide en la terrible soledad de Irmiahu (capítulo 14; versículo 23) y Yejezkel (capítulo 13) frente a los falsos profetas; la plegaria profética se clausuró en Irmiahu (capítulo 32), y Jagai, Zejariá y Malají acompañaron el retorno a Tzión y la construcción del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo con las últimas fuerzas de la profecía verdadera.
La gran amenaza para médicos, científicos, rabinos, juristas (y similares) son los impostores, y especialmente aquellos que poseen cierto conocimiento limitado pero transgreden la ética profesional. A medida que se debilitó la profecía verdadera, proliferaron los soñadores y los místicos "cercanos al campo" (como la paja que envuelve los granos de trigo; Irmiahu, capítulo 23, versículos 25-29), y por supuesto también los imitadores e impostores.
Zejariá vuelve a las palabras de sus predecesores para ilustrar cuánto llegó a hastiar la profecía a los hombres de verdad, hasta el punto de que incluso los padres confrontarían a sus hijos si comenzaran a "profetizar" (capítulo 13, versículo 3). Zejariá no lo dijo explícitamente, pero con la desaparición del "espíritu inmundo" (capítulo 13, versículo 2), desaparecería también la profecía verdadera, y nos quedarían únicamente sus palabras penetrantes y la esperanza de la salvación.
Al final del capítulo la profecía regresa al "rebaño del matadero" (del capítulo 11), a la herida del "pastor" (=los líderes corruptos), y a las ovejas dispersas (en los exilios), y el mensaje profético sacude hasta lo más profundo del alma:
"Y sucederá en toda la tierra" (=en las diásporas del exilio), "que dos partes serán cortadas en ella" (=2/3) "y perecerán; pero la tercera quedará en ella" (=1/3). "Y meteré la tercera parte en el fuego, y los refinaré..."
Solo un tercio del pueblo de Israel sobrevivirá en los exilios, y aun ese tercio atravesará terribles sufrimientos. Y nosotros, la generación posterior al Holocausto, vemos ante nuestros ojos una acelerada asimilación en la diáspora, y un tercio que sobrevive, principalmente, en el Estado de Israel.
Esta profecía no me da paz en el alma, desde que comprendí su significado.
Gentileza sitio 929.