En visiones de Dios, Yejezkel es traído desde el exilio en Bavel, Babilonia a la tierra de Israel, y en ella ve en su visión el Templo que será construido en el futuro. Nos detendremos en algunos temas centrales que surgen de esta descripción.
Similar a Moshé, quien mereció ver en la visión profética en el Sinai después del Éxodo de Egipto "la forma del Tabernáculo y la forma de todos sus enseres" (Shemot, capítulo 25, versículo 9), Yejezkel es traído desde el exilio en Bavel "en visiones de Dios" a la tierra de Israel, y en ella ve en la visión el Templo visionario.
En esta visión lo acompaña "un varón, cuya apariencia era como la apariencia de cobre, con un cordel de lino en su manoy una caña de medir" (capítulo 40, versículo 3), y con la precisión de un arquitecto, Yejezkel describe detalladamente - utilizando términos técnicos especiales - el Templo que será construido cuando Israel regrese del exilio a su tierra.
Sin embargo, a pesar de su descripción detallada y precisa, su Templo no está "explicado y aclarado", según las palabras del Rambam en las Leyes de Beit HaBejirá (capítulo 1, halajá 4), y varios de sus términos técnicos son motivo de controversia entre los Sabios, pues no estamos versados en ellos.
En cuanto a los utensilios del Templo, cabe señalar que Yejezkel describe solo el altar exterior, que es el altar del holocausto. Este altar es llamado por él, aparentemente siguiendo las palabras de Yeshaiahu, tanto Har-El como Ariel, pero no encontramos en sus visiones la descripción del resto de los utensilios del Templo: el Arca, la Mesa y el Candelabro. Es posible que no consideró necesario describirlos, pues su descripción exacta se encuentra en la Torá. En cuanto al Arca, nos parece que la opinión de que después de que escondieron el Arca, hecho que según la tradición de los sabios ocurrió en los días de Yoshiahu (y también está insinuado en el capítulo 35 de Divrei Haiamim), fue acordado por los líderes del retorno a Tzión no devolverla al Segundo Templo, y es posible que se apoyaron en esto en la profecía de Irmiahu: "no dirán ya: El arca del pacto del Señor; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la echarán de menos; ni será hecha de nuevo" (capítulo 3, versículo 16).
En cuanto al lugar del Templo, hay que señalar que Yejezkel no menciona el nombre de Ierushalaim explícitamente sino con su apelativo - "la ciudad". Así ya en el primer versículo del capítulo 40, donde se dice que mereció su visión después de "que fue conquistada la ciudad", y la ciudad - con el artículo definido - no es otra que Ierushalaim. Vuelve a señalar "Se posó sobre mí la mano del Señor, y el Señor me sacó fuera en espíritu", es decir, es llevado allá, a la ciudad, que es Ierushalaim. También la gloria de Dios regresa en esta visión al Templo por "la puerta que mira hacia el oriente" (capítulo 43, versículo 1), es decir, exactamente por la misma puerta por la cual salió " era como la visión que había tenido cuando vine para (profetizar de) la destrucción de la ciudad" (capítulo 43, versículo 3). Es posible que los graves pecados de Ierushalaim causaron que el profeta no quisiera mencionar en su visión el nombre de Ierushalaim nuevamente, y consideró apropiado otorgarle un nuevo nombre: "Hashem-Shamah" (Dios está allí), que es el nombre con el cual concluye su libro de visiones (capítulo 48, versículo 35).
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