Esta profecía se dirige contra Jerusalén, llamada poéticamente Gehizayón ("el Valle de la Visión"). El profeta Isaías expresa un profundo dolor ante la total degradación moral de sus habitantes y gobernantes, quienes, en lugar de arrepentirse, caen en el cinismo y la superficialidad bajo la consigna de "comamos y bebamos, que mañana moriremos". El capítulo advierte que esta grave confusión de valores y profanación del nombre divino traerá consigo la ruina de la soberbia casta gubernamental y el desmoronamiento de la ciudad.