Síntesis del capítulo, Irmiahu 9

Síntesis del capítulo, Irmiahu 9

El pueblo no solo traiciona a Dios sino también a sus hermanos (Versículos 1-8)

Al comienzo, el profeta expresa: "Ojalá tuviera en el desierto un albergue de viandantes, para que dejase a mi pueblo y me fuese de ellos”y explica por qué: " pues que todos son adúlteros, una banda de pérfidos" (versículo 1). Así, el profeta aconseja a sus oyentes que se cuiden de sus hermanos: "Cuídese cada uno de su prójimo, y ninguno confíe en su hermano; porque todo hermano seguramente engañará, y todo prójimo andará chismeando" (versículo 3). Como consecuencia de estos pecados, Dios declara que el castigo es inevitable: "¿No tengo Yo que castigarlos por estas cosas?, dice el Señor; y de una nación como ésta, ¿no ha de vengarse Mi alma? (versículo 8).

Lamentación (Versículos 9-13)

El profeta describe cómo vagará por los montes para llorar por Ierushalaim: "A causa de las montañas alzaré lloro y llanto, y por los pastos de la estepa, lamentación; porque están desolados, de modo que ninguno pasa por ellos, ni se oye el balido del ganado: desde las aves del cielo hasta las bestias, todo ha huido, se ha ido" (versículo 9).

La descripción de la destrucción y sus causas (Versículos 11-16)

El profeta comienza con una pregunta: "¿Quién es el hombre sabio que entienda esto, y quién es aquel, a quien ha hablado la boca del Señor, para que lo declare? ¿Por qué ha perecido el país? ¿Por qué ha quedado asolado como el desierto, sin pasajero?”(versículo 11), y la respuesta es: "Por cuanto han dejado Mi ley, que Yo puse delante de ellos, y no han escuchado Mi voz, ni han caminado según ella" (versículo 12). Como consecuencia, sigue una descripción del castigo y la destrucción.

Un llamamiento a las lamentatrices y a las mujeres (Versículos 16-21)

Ante el castigo que Dios anuncia, el profeta llama a las lamentatrices para que lloren por la destrucción de Ierushalaim: " Y apresúrense a levantar el llanto sobre nosotros; para que nuestros ojos se deshagan en lágrimas, y nuestros párpados manen aguas!" (versículo 17). Debido al castigo inminente, el profeta describe cómo las mujeres deberán enseñarse mutuamente lamentos y llanto: "¡Oigan, pues, oh mujeres, la palabra del Señor, y reciba vuestro oído la palabra de Su boca!, enseñen a vuestros hijos el llanto, y cada cual a su compañera, la lamentación" (versículo 19).

No se gloríe el sabio en su sabiduría (Versículos 22-25)

El profeta exhorta a los sabios, a los valientes y a los ricos a no jactarse de su sabiduría, valentía o riqueza, sino que "Mas el que se gloría, gloríese en esto: en que Me entiende y Me conoce a Mí, que Yo soy el Señor, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque en estas cosas Me complazco", dice el Señor" (versículo 23). A continuación, el profeta pronuncia una dura sentencia sobre el pueblo de Israel que no conoce el camino del Señor: "He aquí que vienen días, dice el Señor, en que castigaré a todo circuncidado e incircunciso... porque todas estas naciones son incircuncisas, y la casa de Israel es incircuncisa de corazón" (versículos 24,25), lo que significa que Israel no es mejor que las naciones paganas.

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