Irmiahu expresa en sus palabras un lamento profético sobre el pueblo, la tierra y la inminente destrucción. La destrucción ya había sido decretada por los pecados de Menashé y sus sucesores, pero parece que la lucha entre las facciones más duras y los sumisos tendrá una parte no pequeña en ella.
El lamento profético comienza en el libro de Irmiahu, después de una serie de reprensiones, que no tuvo oyentes. Irmiahu también lamentó la muerte de Yoshiahu, y este lamento está incluido en el libro de Eijá, Lamentaciones (Divrei Haiamim II, capítulo 35, versículo 25; "y están escritos en las Lamentaciones"); Irmiahu también se lamentó por sí mismo (especialmente en Eijá capítulo 3); pero ante todo, expresó un lamento profético sobre el pueblo y la tierra, incluso antes de la destrucción, incluso antes de que vinieran las plañideras (las mujeres que eran especialistas en lamentos) (capítulo 9, versículos 16-19).
Como lamento profético, la cuestión de la culpa también ocupa aquí un lugar central (capítulo 9, versículos 1-8; 11-13): "¿Quién es el hombre sabio que entienda esto... ¿Por qué ha perecido el país? ¿Por qué ha quedado asolado como el desierto, sin pasajero? Y el Señor mismo ha dicho: "Por cuanto han dejado Mi ley, que Yo puse delante de ellos, y no han escuchado Mi voz, ni han caminado según ella..." Según esto, la destrucción ya había sido decretada por los pecados de Menashé y sus sucesores.
Pero Irmiahu, en la segunda mitad de su vida, exigió someterse a Bavel, Babilonia y salvarse. Incluso durante el último sitio babilónico a Ierushalaim en el período de Tzidkiahu, el profeta todavía le dijo al rey (en la cárcel; capítulo 38, versículos 17-18): "Así dice el Señor, Dios de los ejércitos, Dios de Israel: Si tú salieres luego a los príncipes del rey de Bavel, entonces vivirá tu alma, y esta ciudad, no será quemada a fuego.... pero si no salieres... esta ciudad será entregada en manos de los kasditas, los caldeos, y ellos la quemarán a fuego"...
Este pueblo es un 'pueblo de dura cerviz' – parte de él se opone al pacto y al destino, y parte del mismo está movilizado contra toda servidumbre extranjera, sea religiosa, cultural o política. Ya en la época de Moshé estaban los adoradores del becerro y los espías-turistas por un lado, y los que subieron presuntuosamente a la montaña contra el decreto de los cuarenta años por el otro.
Es bien sabido que los círculos más leales a la independencia de Iehudá no aceptarán la orden de rendición de Irmiahu, y se rebelarán contra el gobierno babilónico hasta la destrucción. Si Dios le retira a Ierushalaim su protección especial (después de haber resistido la dura prueba contra Sanjerib), la ciudad se quebrará desde dentro entre los sumisos y las facciones más duras, y arderá en llamas.
Cortesía sitio 929.