¿Por qué hace el rey justicia y juicio? Una comparación con las palabras de Hammurabi en la introducción a su famoso código de leyes revela que el texto bíblico y la literatura del antiguo Oriente sostienen opiniones diametralmente opuestas.
En nuestro capítulo hay varios versículos que tratan del rey: "Hechizo hay en los labios del rey; su boca no debe prevaricar en el juicio. Romana y balanza justas son de Hashem; obra Suya son todas las pesas de la bolsa. Abominación para los reyes debe ser el hacer maldad, porque con la justicia se afirma el trono. Los labios justos son el deleite de los reyes; y ellos aman al que habla cosas rectas. La indignación de un rey es como mensajeros de muerte; pero el hombre sabio sabrá aplacarla. En la serenidad del rostro del rey está la vida; y su favor es como la nube (que trae) la lluvia tardía" (Versículos 10-15). El rey se presenta en estos versículos como alguien que cumple su obligación frente a Hashem y prácticamente casi representa a Hashem y su disposición de ánimo. Así por ejemplo la expresión "abominación para los reyes" recuerda a la expresión "abominación de Hashem" (Versículo 5).
Con todo esto de que el rey anda en el camino de Hashem, una cosa destaca por su ausencia: la relación entre el rey y Dios no se menciona en estos versículos. El rey desea la justicia porque así es su voluntad y no porque así es la voluntad de Hashem — "Los labios justos son el deleite de los reyes" — desde una voluntad personal, sin conexión con el mandato de Hashem. El rey comprende que es bueno para el mundo andar por el camino recto que es en realidad también el camino de Hashem ("Romana y balanza justas son de Hashem, obra Suya son todas las pesas de la bolsa"; Versículo 11).
En contraposición a la concepción que surge aquí, en el antiguo Oriente era habitual decir que el rey es el emisario de los dioses y en realidad cumple sus mandatos no para incrementar el bien en el mundo sino para hallar gracia a los ojos de los dioses. Así por ejemplo dice de sí mismo Hammurabi en la introducción a su famoso código de leyes: "Yo soy Hammurabi, el pastor, el elegido de Enlil... el que exalta el nombre de Babilonia, el que complace el corazón de Marduk su señor, que está de pie todos sus días al servicio del Esagil (=el templo)... cuyos actos son buenos a los ojos de Ishtar (diosa)" (Prólogo a las leyes de Hammurabi, según la traducción de M. Malul, Los códigos de leyes y otras compilaciones jurídicas del antiguo Oriente, páginas 105-108). Hammurabi no practica la justicia ni obedece a los dioses porque crea que así es correcto actuar, sino por su deseo de que los dioses lo amen. Según los versículos de nuestro capítulo, el rey no actúa con justicia porque desea complacer a alguien sino porque así es bueno para el mundo: "Los labios justos son el deleite de los reyes" (Versículo 13).