¿Dónde está Ierushalaim?

¿Dónde está Ierushalaim?

 

Según las profecías de Yejezkel, la santidad de Ierushalaim se crea por la fuerza de la elección de Dios y Su presencia en ella, y sin esto no tiene santidad propia.

Cuando Yejezkel pasa a las profecías de consuelo, se puede notar un fenómeno interesante: el nombre de Ierushalaim no se menciona en los consuelos.

Solo hay una mención en la profecía de los montes de Israel, pero allí se presenta únicamente como una comparación accesoria: "como el rebaño de animales consagrados, como el rebaño de Ierushalaim, en sus fiestas solemnes, así estarán las ciudades desiertas llenas de rebaños de hombres " (capítulo 36, versículo 38). Las cantidades de ovejas que había en Ierushalaim durante las festividades crearon una expresión y comparación que Yejezkel elige usar para describir la resurrección de Israel, pero Ierushalaim misma, por su nombre, no es parte de la promesa de redención.

En el capítulo 40 esto es particularmente notorio: en paralelo a las visiones que conocemos de Yejezkel, en las que la mano de Dios lo lleva a Ierushalaim, también aquí Yejezkel es llevado a ese mismo lugar, pero de manera intencional se omite el nombre del lugar y su relación con Ierushalaim: "posó sobre mí la mano del Señor, y Él me llevó allá...y me puso sobre un monte muy alto, sobre el cual había un edificio parecido a una ciudad, por la parte del sur" (capítulo 40, versículos 1-2). La ubicación se describe indirectamente - 'allá' y la ciudad aparentemente no nos es conocida ni familiar, simplemente - una estructura de ciudad.

Yejezkel en realidad continúa con la misma línea que comenzó antes de la destrucción, y en contraste con las profecías de consuelo de Yeshaiahu - que se centran en Ierushalaim y en Tzión - procura vaciar a Ierushalaim de un significado que se sostenga por sí mismo, enfatizar su destrucción final y despertar una nueva expectativa en los exiliados: la expectativa del retorno de Israel a su tierra bajo el reinado de Dios. Por eso, también al sellar la visión sobre la ciudad futura, renueva el nombre de la ciudad como 'Adonai Shama' (El Señor está allí) (capítulo 48, versículo 35), de modo que exprese el principio verdaderamente importante: la santidad de la ciudad y su singularidad están solo en que Dios mora en ella.

 

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