¿Por qué justamente ahora llegó la destrucción?

¿Por qué justamente ahora llegó la destrucción?

A pesar de la relativa rectitud de Tzidkiahu y Hoshea hijo de Elá, precisamente en su período llegó la destrucción. Parece que frente a sus actos resaltó el pecado de la generación que, incluso ante la menor transgresión, actuó con dureza de corazón y no se arrepintió. El pecado de Iehudá se agravó aún más cuando eligieron ignorar la escritura que estaba en la pared en forma de la destrucción de Shomrón, Samaria.

De manera sorprendente, la destrucción no ocurrió en los días del malvado y odiado rey Yehoiakim, sino en los días de Tzidkiahu, que era incomparablemente mejor que él. A sus hijos los degollaron ante sus ojos, después le sacaron los ojos y murió en prisión, mientras que del linaje del malvado Yehoiakim, de Yehoiajín, saldrá el vástago de la realeza para el futuro.

También Irmiahu lloró por su destino que lo hizo profeta de la destrucción y dijo: "En los días de Menashé, Israel hizo maldades peores que ellos, no los destruiste sino en mis días?" (Bamidbar Rabá 9, 7)

De manera similar ocurrieron las cosas también en la destrucción del reino de Israel: No fue Pekaj quien los envió al reino de Iehudá el último de los reyes, sino Hoshea hijo de Elá quien abrió puertas hacia él ("Aquellas barreras que puso Yarobam en los caminos para que no subieran los israelitas en peregrinación, vino Hoshea y las anuló"; Guitín 8a).

Los Sabios consideraron que precisamente la apertura de Hoshea hijo de Elá y la rectitud de Tzidkiahu fueron lo que selló el decreto - su rectitud relativa resaltó el pecado de la generación y causó exceso de expectativas y una gran desilusión. El pueblo ya no podía colgar su culpa en sus líderes, sino que fue castigado por su pecado, por continuar tranquilamente sin hacer penitencia incluso ante la menor transgresión.

El pecado del pueblo se agravó ante la destrucción de Shomrón(Melajim II, capítulo 17) que permaneció como una herida abierta ante los ojos de Iehudá. La provincia asiria que se estableció allí con nuevos colonos enseñó claramente a Iehudá cuál es el fin de un pueblo que traiciona su pacto con su Creador, y a pesar de ello Iehudá continuó pecando con dureza de corazón, caprichosamente. La escritura en la pared vino para hacer que el pueblo se arrepintiera, pero a posteriori provocó el agravamiento del problema.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj, extraído del libro “Mikdash Melej-Iyunim beSefer Melajim”, de ediciones Midreshet HaGolán.

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