Es muy importante lo que hagan los judíos, pero no menos importante es también "lo que dirán los otros pueblos". Una persona, pueblo o estado al que se adhiere la marca de la ignominia, no es digno de entrar en la asamblea de los justos, ni de subir al monte del Señor y estar en su lugar santo.
"No importa lo que digan los no judíos", dijo una vez David Ben Gurión, "importa lo que hagan los judíos". Como suele ocurrir con las frases célebres, también esta tiene larga vida, pero no resiste la prueba de la realidad. Un estudio de las fuentes del derecho hebreo, desde el texto bíblico hasta nuestros días, enseña hasta qué punto los Sabios se cuidaron no solo de evitar realizar actos que no son dignos, sino también de la imagen que proyectan sobre quienes los realizan. La preocupación por lo "qué dirán entre los no judíos" fue piedra angular en la historia del derecho hebreo y de ahí deriva la gran prohibición de la "profanación del Nombre".
El énfasis del profeta en nuestro capítulo sobre la profecía de la ignominia de Egipto ante los otros pueblos que "escuchan la ignominia", y su clamor, cuya voz va de un extremo del mundo al otro - "Las naciones ya tienen noticia de tu oprobio, y tus alaridos llenan la tierra" (versículo 12) - expresa también la importancia de la "voz" que se escucha en el mundo. Esta vez, afortunadamente, es la ignominia de Egipto, no la nuestra.
"Ignominia" no es solo imagen. Expresa esencia. La ignominia de una persona, pueblo o Estado no expresa solo su desprecio y el trato despectivo del que es merecedor. Manifiesta la necesidad de alejarse de él tanto como sea posible, y apartarlo de la compañía de personas o pueblos decentes. Lamentablemente y con dolor del corazón, el término "ignominia" se ha vuelto un nombre común en nuestros territorios. Casi cada mes escuchamos sobre otro funcionario público que cometió "una transgresión que conlleva ignominia".
El legislador israelí no definió qué es "ignominia", e intencionalmente se abstuvo de hacerlo. Dejó un amplio espacio vital a los tribunales, para que determinen en cada caso, a la luz de la naturaleza del actor, la naturaleza del acto y sus circunstancias - si verdaderamente se adhiere a él ignominia o no.
En su intento de establecer límites a la "ignominia", escribió el juez Jaim Cohen, presidente interino de la Corte Suprema - que "la ignominia es un defecto moral que testifica sobre su poseedor que no es digno de entrar en la asamblea de los justos. Esta 'ignominia' debe ciertamente adherirse a la persona debido a su pecado, también después del acto y el castigo".
En efecto, es importante, muy importante lo que hagan los judíos. Pero no menos importante es también "lo que dirán los no judíos". Una persona, pueblo o Estado al que se adhiere la marca de la ignominia, no son dignos de entrar en la asamblea de los justos, ni de subir al monte del Señor y estar en su lugar santo
Gentileza sitio 929.