Autodestrucción

Autodestrucción

"El Ayuno de Guedaliá" está destinado a permitirnos enfrentar cara a cara los horrores del pasado, para que podamos armarnos de valor a fin de prevenirlos en el presente.

Los tres protagonistas de la historia de la autodestrucción son: el asesino (Ishmael hijo de Netaniá), la víctima (Guedaliá hijo de Ajikam), y el heredero (Iojanán hijo de Kareaj).

El asesino fue motivado por la combinación de una ambición miserable con una lealtad fanática a un camino político, que si tenía alguna lógica antes de la destrucción, después de ella era completamente irreal. Su pensamiento a corto plazo no le permitió prever ni las consecuencias inmediatas del asesinato (la reacción de los comandantes militares) ni sus daños para las generaciones futuras (la interrupción de la rehabilitación y el retorno, la pérdida del remanente del liderazgo y el aumento del movimiento de los que partían al exilio). La ausencia total de restricciones morales le impidió comprender que un asesinato político, que rompe dramáticamente el tabú de la santidad de la vida humana, arrastraría tras de sí una terrible cadena de derramamiento de sangre.

La víctima fue advertida de antemano sobre su asesinato y la destrucción de su obra, pero su ingenuidad político-moral fue su perdición y la perdición de todas las personas que fueron asesinadas con él. Los Sabios, con suprema sensibilidad moral, incluso le atribuyen culpa por las terribles consecuencias de esta negligencia: "Por no haber prestado atención al consejo de Iojanán hijo de Kareaj, el texto bíblico lo considera como si él los hubiera matado (a los setenta peregrinos cuyos cadáveres fueron arrojados al pozo)" (Nidá 61a). De esto Rabá deduce el principio: "Esta lengua maliciosa – a pesar de que no debe ser aceptada, debe ser temida" (en hebreo: lashón hará – a pesar de que no se debe aceptar, se debe temer).

El heredero, sobre cuyos hombros recayó la responsabilidad del destino del remanente después del asesinato de Guedaliá y la redención de los cautivos, fue presa del pánico a causa del acto terrorista de su rival. Tuvo la sabiduría de buscar la palabra de Dios de boca de Irmiahu (capítulo 42), pero no tuvo la fuerza para obedecerle. Su corazón blando, su debilidad mental y su poca fe lo convirtieron en cómplice de la autodestrucción, a la que se añadió el autoexilio. Así Iojanán hijo de Kareaj realizó la política de abandono de la tierra de su rival Ishmael hijo de Netaniá, pero en lugar de llevar al "remanente de Iehudá" a la tierra de los amonim, amonitas, los llevó a Egipto.

En nuestros dos mil años de exilio fuimos "misericordiosos hijos de misericordiosos" que no eran capaces de asesinar. Pero al regresar a nuestra tierra, nuevamente tenemos en nuestras manos las herramientas, y en nuestras almas la capacidad, Dios no lo permita, de derramar sangre. "El Ayuno de Guedaliá" está destinado a permitirnos enfrentar cara a cara los horrores del pasado, para que podamos armarnos de valor a fin de prevenirlos en el presente.

Extraído de “Bakesh Shalom veRodfehu”. Páginas 224-225.

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