Este capítulo analiza la figura de Kóresh (Ciro, rey de Persia) como el emisario elegido por Dios para poner fin al exilio babilónico y autorizar la reconstrucción del Templo en Jerusalén, un hito histórico que cierra las ediciones contemporáneas del Tanaj en el libro de Crónicas. Se examina la profecía de Isaías (capítulo 45), donde este monarca gentil es llamado de forma inusual "el ungido de Dios", demostrando la soberanía divina sobre la historia mundial. Finalmente, el análisis contrasta la perspectiva idealizada compartida por Josefo Flavio —según la cual el propio Ciro leyó las profecías escritas siglos antes y se inspiró a cumplirlas— con la visión crítica del Talmud en el tratado de Rosh Hashaná y de los hallazgos arqueológicos, que señalan las imperfecciones políticas y religiosas del rey persa.