El canal de la escucha

El canal de la escucha

La escucha es como un conducto a través del cual recibimos, por un lado, la Torá que está por encima de nosotros y, por otro, a la persona que está por debajo de nosotros y que recurre a nuestra ayuda. Cuando se tapa el conducto no hay flujo, y entonces tampoco nuestras plegarias y peticiones son respondidas.

En Mishlei hay dos versículos que se complementan el uno al otro. El primer versículo: "El que aparta su oído para no escuchar la ley, su plegaria misma es cosa abominable" (Capítulo 28 Versículo 9). Este versículo lo interpretaron los Sabios en el tratado Shabat a propósito de Rabí Irmiá, que se levantó en medio del estudio para elevar su plegaria. Y el segundo versículo: "El que cerrare su oído al clamor del desamparado, clamará también, y no será escuchado" (Capítulo 21 Versículo 13).

"El que aparta su oído para no escuchar la ley" (Capítulo 28 Versículo 9) se refiere a la persona que no escucha aquello que está por encima de ella, la Torá, de la cual se nutren el temor (a Dios), el camino de la vida, la ética, etcétera. La expresión "aparta su oído" es, en realidad, lo opuesto a prestar oído. Y quien aparta su oído, también su palabra es abominable. La boca del ser humano está destinada a hablar con el prójimo, y el oído está destinado a escuchar del prójimo. Aquí surge la pregunta: ¿precede la escucha al habla, o acaso es al revés? Del versículo vemos que primero hay que escuchar; solo entonces el habla tiene valor.

Cuando se escuchan las palabras de la Torá, entonces también la plegaria tiene valor. De manera similar, el Rabino escribe en la introducción a Musar Avija que es necesario esclarecer los valores por los cuales rezamos. Y siendo así, la persona debe esclarecer cuál es el orden de los valores en el mundo, para saber qué pedir y por qué orar. Este esclarecimiento se logra a través de la escucha.

El segundo versículo, "El que cerrare su oído al clamor del desamparado, clamará también, y no será escuchado" (Capítulo 21 Versículo 13), habla de la falta de escucha de la persona hacia quien está por debajo de ella. La persona descrita en el versículo tiene la capacidad de ayudar al prójimo que clama, pero cierra su oído. También aquí falta la escucha. También aquí la persona no comprende la función del oído en la escucha del prójimo. El oído no viene solo en beneficio de la persona misma, para recibir cosas de lo Alto para sí, sino también para escuchar al prójimo. La escucha del desamparado es la que da sentido a las cosas que hacemos y creamos.

Hay otro versículo en Mishlei: "Si hay congoja en el corazón del hombre, se la debe combatir" (Capítulo 12 Versículo 25). Pero no solo las preocupaciones, sino también las vivencias y las ideas que la persona desea que sean escuchadas: también respecto de ellas hay que desarrollar la cualidad de la escucha. A veces, cuando la persona cuenta sus cosas, ese mismo hecho la alivia y le quita un peso de encima. El solo hecho de ver cómo el otro recibe sus palabras alivia mucho.

Con el oído se puede hacer mucha bondad, incluso solo mediante la escucha. La escucha, en estos versículos, se representa como un conducto a través del cual recibimos, por un lado, la Torá que viene de lo Alto y, por otro, a la persona que está por debajo de nosotros y recurre a nuestra ayuda. Si este conducto está abierto, entonces nuestras plegarias y peticiones tienen sentido y somos respondidos. Cuando se tapa el conducto, no existe ese flujo, y entonces "también su plegaria es cosa abominable" (Capítulo 28 Versículo 9), "también él clamará, y no será escuchado" (Capítulo 21 Versículo 13).

Redactado por el Equipo del sitio del Tanaj

Gentileza Yeshivá Maalot Iaacov

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