Según la visión de Yoel, lo esencial del día del Señor es el juicio sobre las naciones. La gran guerra es consecuencia de ese juicio.
Desde la perspectiva de Yoel, el día del Señor se centra en la retribución divina hacia las naciones, y todo lo que le ocurre al pueblo del Señor en ese período lo menciona de manera muy concisa. Así, por ejemplo, la ingathering de los exilios y su retorno a la tierra son mencionados de pasada, en el contexto de la congregación de las naciones para ejecutar juicio sobre ellas. Otro propósito por el cual el profeta mencionó el retorno a la tierra es su concepción de que solo tras la reparación de la injusticia de la dispersión de Israel entre las naciones, llegará el momento propicio para juzgar a los culpables de esa dispersión y destierro. En cualquier caso, la idea central en la trama de la redención que aparece en los profetas — la ingathering de los exilios a la tierra — ocupa en nuestro libro un lugar secundario.
Y aquí parece que Yoel repite una imagen que aparece en varios profetas: numerosas naciones suben contra Ierushalaim y libran una guerra sangrienta entre ellas (Yejezkel, capítulo 39, Zejariá, capítulo 14). Sin embargo, con una lectura más atenta se revela la diferencia en la visión de Yoel. Aquí las naciones se congregan para el juicio y son conducidas al valle de Yehoshafat para que se les lea el acta de acusación. También los versículos 9-17, que hablan de los preparativos para la guerra, vuelven al asunto del juicio, y finalmente los conceptos se entremezclan: la guerra se convierte en trilla de grano y sus instrumentos en aperos de labranza. En definitiva no se habla de guerra sino de juicio.
Yoel no habló de la guerra en sí misma, sino que la vio como una especie de sello del veredicto — el resultado del juicio. Ciertamente las naciones son llamadas a prepararse para la guerra y a preparar instrumentos de destrucción: "¡Forjen vuestras rejas de arado en espadas!... diga aun el débil: '¡Yo soy valiente!'" (versículo 10), y ciertamente se acercan y suben al combate todos los hombres de guerra, pero en irónica contraposición a todo su bullicio y actividad, el Santo Bendito Sea es descrito sentado para juzgar, pues allí el Dios del juicio juzgará a las naciones turbulentas, sin intimidarse ante ellas ni ante su multitud, tal como se describe en los Tehilim, Salmos:
"¿Por qué se alborotan las naciones, y los pueblos meditan vanidad? Hacen preparativos los reyes de la tierra... contra el Señor y contra Su ungido (diciendo)... El que mora en los cielos se ríe; el Señor se burla de ellos" (Tehilim, capítulo 2, versículos 1-4).
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