Este capítulo plantea la incógnita de quién es el personaje que Dios hace surgir del oriente acompañado de la victoria o la justicia (tzedek). Los comentaristas se dividen en dos posturas: la tradición clásica (y Abravanel) sostiene que alude a Abraham, paladín de la fe y la rectitud que emigró desde Ur Kasdim; mientras que Ibn Ezra argumenta que se refiere a Ciro el Grande, el rey persa que conquistó Babilonia y decretó el retorno judío. Ambas interpretaciones coexisten en el texto, el cual concluye que la presencia divina en la historia debe manifestarse a través de actos de justicia.