El versículo "el justo conoce el alma de su bestia" (Versículo 10) es interpretado en el Midrash como una parábola de la persona que conoce a su prójimo por dentro y por fuera. Rabí Akiva conocía el alma de Rajel, y reconoció su valor. Y también Rajel conocía el alma de Rabí Akiva, y lo formó.
El proverbio "el justo conoce el alma de su bestia" (Versículo 10) es puesto en boca de Rajel, esposa de Rabí Akiva, respecto a su marido Rabí Akiva que regresa a casa con veinticuatro mil discípulos, tras veinticuatro años de ausencia del hogar (Talmud Bavlí, Nedarim, 50a). Rajel dice este proverbio a sus vecinas cuando estas se preocupan de que se vea elegante y respetable en el encuentro con su marido después de años de pobreza y miseria, y por eso le aconsejan que tome prestada ropa elegante.
En principio parece que la intención de Rajel era que su marido Rabí Akiva es un justo, que conoce su alma. Ella está convencida de que él no verá su aspecto externo deteriorado, sino su alma bella tal como la conoció al inicio de su amor antes de separarse. Y él continuará amándola también ahora que ya no es joven y está desgastada por la pobreza.
Sin embargo, es posible ver la frase "el justo conoce el alma de su bestia" también desde el ángulo opuesto:
Rabí Akiva era un proyecto personal enorme, desafiante y lleno de sacrificio de Rajel, que es descripta en el relato talmúdico como una mujer de aguda percepción, que reconoció las virtudes espirituales y mentales de un joven pobre, sin educación, pastor de ovejas, sin ninguna estirpe familiar. Ella toma la iniciativa del matrimonio y se lo condiciona inmediatamente a Akiva diciéndole que vaya a estudiar Torá. Ella también lo empuja a que vaya a estudiar y cumpla su promesa. Su padre la amenaza con desheredarla y excluirla de su abundante patrimonio si se casa con ese pobre pastor de ovejas. Rajel "no le hace caso" y se casa con Akiva. En aquella época la capacidad de estar dispuesta a la exclusión de la familia y de la sociedad demostraba un apego supremo al objetivo, y un carácter fuerte como el hierro.
Una mujer así, que reveló extraordinarias fuerzas del alma para enfrentarse al sufrimiento y la humillación por el bien de la realización del proyecto que ella inició, significa a mis ojos que ella "creó" a Rabí Akiva. Ahora, tras haberse cumplido "el proyecto", sin duda puede permitirse continuar siendo humilde hasta el punto de besar las plantas de sus pies. Pues su satisfacción es enorme. Ella conoce como justa el alma de su marido — él dirá la frase que merece que se diga — "lo mío y lo de ustedes es de ella". Esta no es una afirmación cualquiera. Sino el reconocimiento de la grandeza de Rajel, que conocía el alma de Akiva, y la formó.
Editado por el Equipo del sitio del Tanaj
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