El pecado de la tierra

El pecado de la tierra

 

La tierra no tiene libre albedrío. Pero es compañera del hombre y de sus actos, del pueblo y de sus actos. Junto con él está destinada a rendir cuentas ante su Creador.

"y dirás: ¡Oh montañas de Israel, oigan la palabra del Señor Dios! Así dice el Señor Dios a las montañas y a los collados, a los torrentes y a los valles: He aquí que Yo, sí, Yo voy a traer sobre vosotros la espada, y destruiré vuestros altos. Y vuestros altares serán desolados, y serán quebradas vuestras imágenes solares, y haré caer vuestros muertos a espada delante de vuestros ídolos" (versículos 3-4)

En esta profecía Yejezkel no se dirige a los hijos de Iehudá, a los hombres, sino a los montes y a los valles, a la tierra. El pecado no es solo el pecado del hombre, es también el pecado de la tierra. Así fue acusada la tierra (Bereshit, capítulo 4) en el acto de Cain, por abrir su boca para absorber la sangre de Hevel y así ocultar el acto del asesinato. Así fue acusada la tierra (Vaikrá, capítulo 26) por no haber reposado en el año sabático cuando Israel estaba en su tierra.

Aquí Yejezkel acusa a los montes de haber albergado sobre sí los altares a los ídolos. La desolación de la tierra de Israel en el exilio es debido a su pecado. También las buenas nuevas de consolación está destinado Yejezkel (36) a compartir entre los exiliados de Iehudá y las desolaciones de su tierra.

La tierra no tiene libre albedrío, pero es compañera del hombre y de sus actos, del pueblo y de sus actos. Junto con él está destinada a rendir cuentas ante su Creador:

"La tierra se había impurificado e hice caer su iniquidad sobre ella" (Vaikrá, capítulo 18, versículo 25).

Junto con él está destinada, como se dice, a consolarse cuando llegue la redención.

"Por tanto, profetiza respecto de la tierra de Israel, y di a las montañas, a los collados, a los torrentes y a los valles... mas vosotras, ¡oh serranías de Israel!, darán vuestro ramaje y llevarán vuestro fruto para Mi pueblo Israel, porque un poco más, y ellos volverán (a su tierra)" (Yejezkel, capítulo 36, versículos 6-8).

 

Volver al capítulo
x