El precio de la prosperidad y la calma

El precio de la prosperidad y la calma

El período de prosperidad y tranquilidad en la época de Menashé creó una clase de ricos incrédulos que no anhelan ni aspiran a nada más elevado que sus negocios, que creen que no hay providencia divina, y que permanecen asentados sobre sus heces, sobre sus bienes y sus obras.

Nos encontramos aquí después del período de Menashé y Amón. Se trata de un período muy largo. Menashé reinó muchos años. Estos dos reyes fueron vasallos absolutamente fieles al Imperio Asirio, salvo por un episodio mencionado en Divrei HaIamim, Crónicas. Fue una época de relativa tranquilidad. Esta tranquilidad generó una serie de fenómenos que preocuparon a Tsfaniá. Él dice en el capítulo 1, versículos 4-6:

"Y extenderé Mi mano contra Iehudá, y contra todos los habitantes de Ierushalaim... también a los que sobre los terrados adoran el ejército del cielo y a aquellos adoradores que juran por el Señor y juran por Malkam (Báal). Y a los que se han vuelto atrás de en pos del Señor, y a los que no buscan al Señor, ni inquieren por Él."

Estos versículos hablan de señales de influencia asirio-mesopotámica. En los versículos 8 y 9 se dice:

"Y sucederá que en el día del sacrificio del Señor, castigaré a los príncipes y a los hijos del rey, y a todos los que visten traje extranjero. Castigaré también en aquel día a cuantos saltan sobre el umbral, los que llenan la casa de su señor de violencia y fraude."

Estas palabras fueron dichas aparentemente al comienzo del reinado de Yoshiahu. La teshuvá (el arrepentimiento y el retorno a la buena senda) —que la investigación denomina "la reforma"— aún no había comenzado, y la influencia del período de Menashé seguía siendo claramente perceptible. Al final del versículo 9 comienza la descripción del segundo resultado de aquel período de tranquilidad. Todos estos hombres que seguían las festividades no judías y la moda oriental-antigua, predominante entre los extranjeros de aquellos días, llenaban la casa de su señor de violencia y fraude. El período de prosperidad de Menashé engendró una clase de aristócratas que no solo seguían la moda y las festividades no judías, sino que también eran ricos comerciantes, como se dice en el capítulo: "...destruidos son todos los que iban cargados de plata" (versículo 11), "no podrá librarlos su plata ni su oro..." (versículo 18).

Se trata aquí de una clase de ricos que acumularon su fortuna por medios tortuosos. El profeta habla de "violencia y fraude". Hay aquí una corrupción acompañada de complacencia, enriquecimiento e imitación de cultura extranjera y costumbres ajenas. ¿A qué conduce este enriquecimiento y la vida fácil de la capa de los que se enriquecen, los cargados de plata, los que llenan la casa de su señor de violencia y fraude? En el capítulo 1, versículo 12 se menciona:

"Y sucederá en aquel tiempo que Yo registraré a Ierushalaim con candelas, y castigaré a los hombres que (como vino), están asentados sobre sus heces, los cuales dicen en su corazón: ¡El Señor ni hace bien ni hace mal!"

Es decir, indiferencia y cinismo de ricos que deducen de la historia del período de Menashé que "el Señor ni hace bien ni hace mal", que un hombre puede ir según el capricho de su corazón como Menashé y prosperar. Es posible que a este asunto se refiera el profeta con una expresión difícil que causó grandes dificultades a todos los comentaristas. Al comienzo del capítulo 2 dice: — "Congréguense y congreguen, oh nación sin deseo". Presupongo que esa expresión "hagoi lo nijsaf" —"la nación que no anhela"— es sinónima de la expresión "el Señor ni hace bien ni hace mal". Es decir, gente incrédula que no anhela ni aspira a nada más elevado que sus negocios. Creen que no hay providencia divina, permanecen asentados sobre sus heces, sobre sus bienes y sus obras.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía sitio Daat

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