El Señor, no obstante, en medio de ella es justo

El Señor, no obstante, en medio de ella es justo

"El Señor, no obstante, en medio de ella es justo" — así dice Tsfaniá en nuestro capítulo. Irmiiahu sostenía que Dios jamás había estado en medio de ella sobre la faz de la tierra; Yejezkel sostenía que el Señor ya no estaba en medio de ella; mientras que Tsfaniá dice: "El Señor, no obstante, en medio de ella es justo", y precisamente por eso vendrá la destrucción.

Había varias corrientes en Ierushalaim en la generación anterior a la destrucción:

Los Cohanim, los sacerdotes de Ierushalaim decían que la ciudad no sería destruida y proclamaban: "¡El Templo del Señor, el Templo del Señor!" (Irmiahu, capítulo 7, versículo 4). Contra ellos se plantó Irmiahu en el Templo y clamó: "No confíen en las palabras  mentirosas, que dicen: '¡El Templo del Señor, el Templo del Señor, el Templo del Señor!'... He aquí que confían en palabras mentirosas que no pueden aprovechar" (Irmiahu, capítulo 7, versículos 4, 8). Irmiahu sostenía que Dios no necesita una casa ni mora en una casa. Si los seres humanos actúan con bondad y misericordia, ellos habitarán sobre la faz de la tierra: "y los dejaré habitar en este lugar" (Irmiahu, capítulo 7, versículo 3). Nótese que Irmiahu atribuye el verbo sh.j.n (morar) en relación con los seres humanos que viven en una casa, mientras que el Templo es llamado "en esta casa que es llamada de Mi nombre" (Irmiahu, capítulo 7, versículo 10). La casa no es casa del Señor, sino casa para el Nombre del Señor.

También Yejezkel se enfrentó a los Cohanim, los sacerdotes de Ierushalaim, pero él no negó la concepción del Templo como casa del Señor, sino que sostuvo que a causa de los pecados del pueblo la Shejiná ya no moraba allí, y en su visión contempló cómo el carro divino abandonaba el Templo (Yejezkel 8-11). Y si la Shejiná ya no moraba allí, entonces la casa podía ser destruida.

También el profeta Tsfaniá se enfrenta a los Cohanim de Ierushalaim y a su concepción, y su postura es diferente tanto a la de Irmiahu como a la de Yejezkel. El profeta Tsfaniá dice:

"¡Ay (de Ierushalaim), la rebelde y contaminada, la ciudad opresora! No escucha la voz, no admite la corrección; en el Señor no confía; a su Dios no se acerca. Sus príncipes en medio de ella son leones rugientes, sus jueces son lobos nocturnos: no dejan hueso para la mañana (siguiente). Sus profetas son livianos, hombres de perfidia; sus sacerdotes profanan el santuario; hacen violencia a la ley. El Señor, no obstanter, en medio de ella es justo; no hará iniquidad: mañana tras mañana trae a luz Su justicia..." (1-5)

Irmiahu sostenía que el Señor jamás había estado en medio de ella sobre la faz de la tierra; Yejezkel sostenía que el Señor ya no estaba en medio de ella; mientras que Tsfaniá dice: "El Señor, no obstante, en medio de ella es justo", y precisamente por eso vendrá la destrucción. Dios no tolera la maldad, y ya con la primera luz de la mañana expulsará a los malvados y pecadores.


Gentileza sitio 929.

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