El servicio a Dios, y con él toda acción espiritual, debe ocupar el primer lugar, la máxima prioridad. El hombre debe dedicarle lo mejor de su tiempo y energía, su pensamiento y sus fuerzas.
Es costumbre en el mundo que una persona quiera guardar para sí lo mejor, mientras que a los demás les deja lo "menos bueno".
Con palabras penetrantes, el profeta Malají advierte contra personas que eligen contribuir al servicio de Dios, pero cuyo mundo espiritual se compone únicamente de sacrificios de "saldo" comprados a bajo precio en almacenes de excedentes del puerto, de "donaciones de segunda categoría".
"Ofrecen sobre mi altar pan inmundo... Y cuando presentan un animal ciego para el sacrificio, ¿no es eso algo malo? Y cuando presentan uno rengo o enfermo, ¿no es malo?", clama-grita el profeta. "¿Por qué no se lo ofreces a tu gobernador?" — veamos cómo le presentas semejante regalo a tu jefe en el trabajo — "¿Se agradaría de ti o te concedería gracia?" (Versículos 7-8).
El servicio a Dios, y con él toda acción espiritual, no debe ser una "opción predeterminada", una donación de segunda categoría hecha de desechos y sobras. Una acción espiritual de ese tipo no es digna ni honrosa — ni para su propósito ni para quienes la realizan. Al contrario, los deshonra.
El servicio a Dios — y con él toda acción espiritual — debe ocupar el primer lugar, la máxima prioridad, fruto de la voluntad y la elección libre, y no el resultado de la obligación y la imposición.
Este principio se convirtió en un principio fundamental en el mundo de la Torá de Israel. Cuando se llega a los asuntos del espíritu, a los actos de mitzvá (precepto), el judío debe apartarse de todos sus negocios y "embellecer y destacar el precepto" — adquirirse un lulav (rama de palmera datilera) bello, construirse una sucá hermosa y comprar un rollo de la Torá precioso. No conformarse con lo ordinario, lo disponible, lo común, sino esmerarse y buscar lo mejor en el servicio a Dios.
Así con los objetos de la mitzvá, y así con toda la acción espiritual. No dejar el ocuparse de los "asuntos del espíritu" y el mejoramiento del mundo para un momento casual que se liberó por accidente, para un tiempo de transición, para una hora "muerta" en la que de todos modos "no hay nada que hacer", sino hacerlo de manera permanente, dedicándole lo mejor del tiempo y la energía, el pensamiento y las fuerzas.
Gentileza sitio 929