La misión profética es extremadamente difícil para Yejezkel. Pero la mano fuerte de Dios le impone la profecía, y al mismo tiempo lo apoya y lo acompaña.
El contenido de la Meguilá que se le pide al profeta que coma anuncia el contenido de la profecía de Yejezkel para el pueblo: así como la Meguilá, el rollo, incluye lamentaciones, sin ninguna alusión a la redención (2:10), así también la profecía de Yejezkel incluye, en su primera etapa, la descripción de la llegada de la destrucción.
Se puede suponer que Yejezkel, siendo Cohen, sacerdote, estuvo entre los visitantes del Beit HaMikdash, el Gran Templo en Ierushalaim antes de ser exiliado, y esta misión profética es difícil para él. De esto dan testimonio las palabras de Dios que se repiten una y otra vez de que Yejezkel fue elegido como mensajero, y esto también se insinúa en las palabras de Dios hacia él: "No seas tú rebelde como esa casa rebelde" (capítulo 2, versículo 8).
Al final del encuentro, el profeta acepta la misión, e incluso describe la dulzura del rollo: "Y yo me lo comí, y era en mi boca como miel, por lo dulce que era" (capítulo 3, versículo 3), como expresión de su aceptación de su misión profética.
La dificultad en la misión profética de Yejezkel surge, entre otras cosas, del hecho de que su profecía no está destinada a ser aceptada por el pueblo. El pueblo entiende muy bien lo que se le dice: "Porque no a un pueblo de habla oscura y de lengua difícil eres enviado" (capítulo 3, versículo 5); el pueblo también sabe que Yejezkel actúa por mandato divino: "La casa de Israel, no obstante, no querrá escucharte, porque no quieren escucharme a Mí” (capítulo 3, versículo 7). Esta tampoco es la oposición de un grupo reducido del pueblo, y no es ocasional o accidental: "porque toda la casa de Israel son de frente dura y obstinado corazón” (capítulo 3, versículo 7).
Y así, parte hacia su misión profética Yejezkel, como su nombre indica, fortalecido por Dios: "He aquí que he hecho tu rostro duro contra los rostros de ellos, y tu frente dura contra sus frentes. He hecho tu frente como diamante, que es más duro que la roca” (capítulo 3, versículos 8-9) - esto mientras el pueblo no teme expresar abiertamente su indignación: "No temas a causa de sus palabras, y de sus rostros no te acobardes, aunque sean casa rebelde” (capítulo 2, versículo 6).
Después de enfatizar las dificultades en su papel profético, Yejezkel reacciona con reservas (o quizás con retroceso), pero siente la mano fuerte de Dios, que apoya y acompaña, pero al mismo tiempo también es intensa y le impone las palabras de Dios: "y yo iba con amargura, en el encono de mi espíritu; pero la mano del Señor era fuerte sobre mí" (capítulo 3, versículo 14). De esta manera participamos de los sentimientos contradictorios con los que llega Yejezkel a los habitantes del exilio a quienes están dirigidas sus profecías: "Así vine a los de la cautividad en Tel Aviv, donde habitaban junto al río Kvar; y en donde ellos habitaban, permanecí, y por siete días me quedé atónito en medio de ellos" (capítulo 3, versículo 15).
Editado por el equipo del sitio del Tanaj.
Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.