Nuestro capítulo describe la consagración de Irmiahu como profeta para las naciones. Sin embargo, un examen del contenido de todo el libro revela que, en la práctica, no es así, ya que la gran mayoría del libro trata sobre profecías acerca de Israel. ¿Por qué, entonces, Irmiahu mereció el título de profeta para las naciones?
Para entender esto adecuadamente, debemos verlo en el contexto general y en el marco de la época en que se pronunciaron estas palabras. Irmiahu estaba destinado a ser portador de la palabra de Dios en un mundo que, desde una perspectiva histórica, no tenía precedentes en cuanto a los cambios internacionales que conllevaba.
El ascenso de Bavel,Babilonia, fue percibido como un fenómeno sin precedentes, tanto por las dimensiones que alcanzó como por su poder y sus éxitos militares. No en vano Nevujadnetzar dijo en su corazón: "seré semejante al Altísimo" (Yeshaiau, capítulo 14, versículo 14). La realidad que se creó casi no dejó duda en el corazón de la humanidad: un rey que logra tales hazañas, un rey cruel y poderoso ante el cual nadie puede resistirse - ¿no es él el verdadero dios? Este fue el peligro más grave que entrañaba el ascenso de Bavel. Por esta razón, era necesario que surgiera un profeta para las naciones, para todas las naciones y no solo para el pueblo de Israel, para anunciar ante el mundo entero que esta realidad también era una realidad divina y había sido decretada desde los cielos, a pesar de la grandeza de Bavel y a pesar de los pensamientos de divinidad de su rey.
Este fue el propósito del papel de Irmiahu, prevenir una enorme profanación del Nombre que podría haber sido causada con el ascenso del reino de Bavel. Irmiahu fue consagrado como profeta en la cadena de profetas que profetizaron a Israel desde su entrada a la tierra hasta el retorno a Tzión, pero ante la realidad internacional en la que nació, su rol como profeta para todas las naciones era esencial y lo distinguió de otros profetas. Este es un papel que se sostiene por sí mismo, y no depende de las profecías de Irmiahu a Israel sobre la destrucción y otros asuntos.
Resulta que el hecho de que Irmiahu fuera un profeta para las naciones no se mide por el número de profecías que profetizó sobre ellas, sino por la esencia de su papel y misión: anunciar que esta realidad está dirigida por la mano de Dios, Bendito sea.
Editado por el equipo del sitio del Tanaj
Extraído de la publicación “Megadim”, de ediciones Tevunot.