La invasión

La invasión

Durante el período en que Israel estuvo en el exilio, los pueblos vecinos invadieron la tierra y se establecieron en ella. La visión de los cuernos describe esta invasión extranjera, y la visión de los orfebres describe la reversión de la situación: los extranjeros serán expulsados de la tierra e Israel retornará a ella.

¿Quiénes son los cuernos que obran el mal sobre la tierra? Son los pueblos circundantes: Edom, Amón, Moav y Pleshet-Filistea, que durante los años del exilio expandieron sus fronteras y se apropiaron de cada parcela fértil de las tierras de Iehudá y Efraim. Debemos subrayar que aquí no se habla de personas, sino de la tierra de Iehudá y Ierushalaim.

Ecos de esta situación los encontramos en las palabras de Irmiahu y Yejezkel.

Sobre el robo de las tierras de Iehudá por parte de los amonitas, dice Irmiahu: "¿Israel acaso no tiene hijos? ¿Por ventura no tiene heredero? ¿Por qué pues, Moloc (o Milcom)  ha heredado a Gad, y su pueblo se ha asentado en las ciudades de éste? (Irmiahu, capítulo 49, versículo 1).

Estos actos de los vecinos —Amón, Moav y Edom— llegaron también a oídos de los exiliados, y Yejezkel los amenaza (Yejezkel 25):

"Y dirás a los hijos de Amón: Oigan la palabra del Señor… Por cuanto dijiste: ¡Ajá! sobre mi santuario cuando fue profanado, y sobre la tierra de Israel cuando fue asolada, y sobre la casa de Iehudá cuando fueron al cautiverio", y convirtieron su tierra en tierra de nadie. Los hijos del oriente subirán sobre la tierra de los amonitas, "y la daré en herencia [a ellos], para que los hijos de Amón no sean más recordados entre las naciones" (Yejezkel 25, versículos 3–10).

El castigo que aguarda a Moav por el robo de tierras de Israel es su destrucción a manos de las tribus del desierto:

"He aquí, yo abriré el costado de Moav… a los hijos del oriente…" (Yejezkel 25, versículos 9–10).

Las palabras de Yejezkel sobre Edom son muy severas:

"Y exterminaré de él hombres y bestias, y lo convertiré en desolación" (Yejezkel 25, versículo 13).

Es posible que el profeta, hallándose en el exilio, no supiera que esta profecía sobre Edom ya se había cumplido. Los nabateos conquistaron el monte Seír y expulsaron de allí a los edomitas. (Sobre esto se puede leer en la próxima entrega.)

Los filisteos también expandieron sus fronteras, y sobre ellos dice el profeta:

"Y exterminaré a los kretitas, y destruiré el resto de la costa del mar" (Yejezkel 25, versículo 16).

De acuerdo con esto, interpretaremos las palabras "dispersaron" (versículo 2), "para dispersarla" (versículo 4) como: se convirtieron en asentamientos de extranjeros. Este mismo destino aguardaba también a Ierushalaim: también ella se convertiría en una ciudad extranjera.

El cambio para bien lo ve el profeta en los cuatro orfebres. ¿Qué es un orfebre? Tiene en sus manos herramientas de trabajo con las que puede cortar los cuernos del toro, es decir, vencer al enemigo.

Estos "cuatro orfebres" se levantaron para derribar a los invasores que se habían instalado en Iehudá e Israel, "de modo que nadie ha podido levantar la cabeza" (versículo 4), cuando no había aquí autoridad alguna y cada uno hacía lo que le venía en gana.

Al finalizar la visión viene la descripción de Ierushalaim en la imaginación del profeta, en todo su esplendor. Ya no será más una ciudad extranjera; "Sin muros será habitada" por la multitud de hombres y ganado, y el Santuario del Señor estará en medio de ella.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía sitio Daat.

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