La langosta como una parabola

La langosta como una parabola

El estilo de Yoel es sencillo, simple, muy directo, y abundan en él las descripciones de la naturaleza. "Palabra del Señor que fue a Yoel, hijo de Pethuel."

"Escuchad esto, oh ancianos, y prestad oídos, todos los habitantes de la tierra: ¿Ha habido semejante cosa en vuestros días, o en los días de vuestros padres?"

Ya desde el principio nos introduce en el relato. Pregunta: ¿Han visto alguna vez una calamidad semejante a la que les voy a relatar? "Referidla a vuestros hijos, y vuestros hijos a los hijos suyos, y sus hijos a la generación siguiente." ¿Y cuál es esa calamidad? "Lo que dejó la langosta gazam, lo ha devorado el arbé, y lo que dejó el arbé, lo ha devorado el yélek, y lo que dejó el yélek, lo ha devorado el jasil." Describe una plaga de langostas que arrasó con todo el sustento en la tierra de Israel. 

El Rabino Itzjak Abarbanel, quien se apoya en una tradición que se remonta a la época de los Gueonim (sabios judios en Babel entrel los siglos 7 y 11) nos dice que ellos describen y explican todo este relato como una parábola. Y plantean una pregunta difícil: en el libro de Shemot, capítulo diez, leímos sobre la plaga de langostas que hubo en Egipto, y allí se dice que una plaga así "no fue, ni volverá a ser". Es decir, nunca habrá una plaga de langostas igual a la de Egipto. Y sin embargo, Yoel viene y proclama que jamás ha habido una plaga de langostas como la que él describe. ¿Cómo es posible, si la Torá en Shemot afirma que no volverá a repetirse algo tan grave?

Muchos comentaristas intentan conciliar las palabras de Yoel con las de Shemot. Abarbanel, a partir de esta dificultad y de muchas otras, llega a la conclusión de que debemos leer nuestro capítulo de una manera diferente. Pues Yoel es un profeta, y el profeta se vale de la poesía y de la parábola. El profeta se refiere aquí, en sentido figurado, a los ejércitos que vendrán a devastar Jerusalem, el reino de Israel y todo lo que quedaba de los reinos anteriores en la tierra de Israel. Todo es una parábola; no se está hablando aquí de langostas en sentido literal.

Dice Abarbanel: si hubiera habido una plaga de langostas que destruyera todos los alimentos, ¿por qué no se menciona este hecho ni siquiera de forma indirecta en el libro de Irmiahu, ni en el de Ieshaiahu, ni en el libro de Melajim (conteporaneos a Yoel) ? En ningún lugar se menciona. ¿Solo Yoel sabía de esta plaga de langostas, y el resto de los profetas no? Por eso afirma, a partir de esta y otras dificultades, que se trata aquí de una parábola.

El profeta describe cuatro tipos de langostas: gazam, arbé, yélek y jasil, que corresponden a cuatro reinos comparados con una plaga de langostas. ¿Cuáles son esos cuatro reinos? Babel, Persia, Grecia y Roma.

El profeta ya está prediciendo los procesos que van a ocurrir. Babel, el rey Nevujadnetzar, destruyó el Primer Templo y llevó a Israel al exilio. Persia, que corresponde al segundo exilio, también obstaculizó en parte la construcción del Segundo Templo. Grecia causó enormes sufrimientos a Israel, irrumpió en el Templo, como relatamos cada Janucá, y no hace falta extenderse. Y Roma destruyó el Segundo Templo. Esos son los cuatro tipos de langostas.

Y sobre esto dice Yoel: "ha convertido Mi vid en desolación, y Mi higuera en rama quebrada." Israel fue comparado con la vid, y también con la higuera, como leímos en Hoshea capítulo nueve y en otros lugares. Esto representa la destrucción de la tierra de Israel, la destrucción de la nación.

Las langostas que vienen a devorar la higuera y a devorar la vid son los cuatro reinos que marchan sobre Jerusalem, despliegan sus ejércitos y destruyen el Templo. Sobre esto, dice Yoel, nunca hubo una calamidad semejante. Porque mientras vivíamos tranquilos en nuestra tierra, cada uno bajo su vid y bajo su higuera, vino la langosta, daño la vid, daño la higuera y se alimento de ellas.

"Porque una gente ha subido contra Mi tierra, fuerte e innumerable; sus dientes son como dientes de león, y tiene muelas de leona; ha convertido Mi vid en desolación, y Mi higuera en rama quebrada; las ha descortezado completamente y las ha desechado." Toda aquella tranquilidad en que vivíamos se convirtió en un instante en desolación y ruina.

Gentileza del sitio 929

Volver al capítulo
x