En Janucá, el Shabat, leemos la haftará del libro de Zejariá, capítulo 4, la visión de la menorá, en la que el profeta Zejariá describe lo que ve:
"He aquí, que he visto un candelabro todo de oro con la vasija en la parte superior, y sus siete lámparas encima, con siete tubos para las lámparas que tiene arriba; y junto a él dos olivos, uno a la derecha de la vasija y el otro a la izquierda." (Zejariá 4:2-3)
El profeta no comprende el significado de la visión y pregunta al ángel. Entonces recibe la respuesta:
"Esta es la palabra del Señor a Zerubabel: 'No por la bravura ni por la fuerza, sino por mi Espíritu', dice el Señor de los ejércitos." (Zejariá 4:6)
¿Qué tiene de especial la visión de la menorá que contempla el profeta Zejariá? ¿Y cuál es la conexión entre esa visión y el concepto tan significativo de "no por la bravura ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos"?
En primer lugar, digamos que la menorá en sí misma simboliza el espíritu, la luz, el aceite, la sabiduría. Pero aquí hay algo que va más allá de eso. En la visión que contempla el profeta Zejariá, los olivos son prensados y el aceite que de ellos fluye llena la menorá y la mantiene encendida de manera continua, de modo que la menorá opera milagrosamente, encendida todo el tiempo. Así lo explica el propio profeta cuando el ángel le aclara el significado de los dos olivos:
"Entonces hablé, y le dije: ¿Qué son estos dos olivos a la derecha y a la izquierda del candelabro? Hablé por segunda vez, y le dije: ¿Qué son las dos ramas de olivo que están junto a los dos tubos de oro, que vierten de sí el aceite dorado? Y me respondió, diciendo: ¿Acaso no sabes qué son éstos? Y dije: No, señor mío. Entonces él dijo: Estos son los dos ungidos que están de pie delante del Señor de toda la tierra." (Zejariá 4:11-14)
Lo que en realidad subyace en estas palabras es el siguiente mensaje a los dos líderes, Zerubabel e Ieshúa, simbolizados por los dos olivos: deben saber que Dios, está detrás de ellos. "No por la bravura ni por la fuerza" — no deben preocuparse por no tener suficiente ejército ni suficiente fuerza — "sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos": el Eterno les dará la fortaleza a través del espíritu, y así podrán avanzar.
Cuando se fundó el Estado de Israel, se reunió una comisión para elegir su símbolo. Era evidente que debía tener una dimensión espiritual y un significado histórico. Al mismo tiempo, una parte de los miembros de la comisión exigía que hubiera también una expresión liberal y secular. Se presentaron distintas propuestas.
Muchos propusieron que en el centro figurara una menorá — lo que tenía también un valor simbólico, pues aquella menorá del Arco de Tito que simboliza la destrucción ahora se convertiría en una menorá que simboliza el retorno. Pero debían decidir qué iría a sus lados. Una de las propuestas fue siete estrellas, en alusión a las palabras de Herzl, quien decía que las estrellas simbolizan las horas de trabajo — una expresión del mundo de la acción y del trabajo.
Otros propusieron — y esa fue la propuesta que prevaleció — colocar dos olivos, uno a la derecha de la menorá y otro a su izquierda, para expresar la aspiración a la paz del pueblo de Israel. Y así quedó establecido: una menorá y dos olivos, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Pero en realidad, hay aquí una voluntad divina que opera detrás de los hechos. Porque la imagen del símbolo del Estado de Israel — menorá y dos olivos, uno a la derecha y otro a la izquierda — es exactamente la profecía descripta por el profeta Zejariá. Los miembros de aquella comisión tenían la intención de expresar la síntesis entre lo sagrado y lo secular, entre el mundo religioso y el mundo liberal y universal. Y a través de ellos tomó forma un símbolo que refleja la voluntad divina: el Estado de Israel será un Estado fundado en el espíritu:
"No por la bravura ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos." (Zejariá 4:6)