La visión de los caballos descripta en nuestro capítulo alude a la abundancia económica que había en la tierra de Iehudá y que, a raíz de la destrucción, pasó a manos de las naciones. Esta abundancia económica, promete Dios, está destinada a volver a Iehudá con la construcción del Segundo Templo.
Al comienzo del libro de Zejariá aparecen varias visiones, con numerosos detalles que requieren explicación.
En el capítulo que tenemos ante nosotros, el profeta describe: "He visto esta noche a un hombre que iba montado en un caballo rojo; él estaba entre los mirtos que había en la hondonada, y detrás de él, caballos rojos, castaños y blancos" (versículo 8).
La combinación de estos tres colores — rojo, castaño y blanco — aparece una vez más en el Tanaj, en la bendición de Iaacov a la tribu de Iehudá (Bereshit, capítulo 49, versículos 11-12):
"Lava en vino su vestimenta y en sangre de uvas su manto" — rojo. "El ata a la vid su asna y a la cepa el pollino de su asna" — castaño. "El, de ojos bermejos, por el vino, de dientes por la leche" — blanco.
De acuerdo con esto, los caballos simbolizan la bendición y la abundancia económica en la tierra de Iehudá: vino, uvas y leche. Cuando fue destruido el Templo, el Señor envió a estos "caballos" "a recorrer la tierra" (versículo 10), es decir, la abundancia pasó a las naciones. Iehudá quedó vacía y desolada. Sin embargo, incluso después de que los hijos de Israel regresaron a la tierra en los días de Koresh, Ciro, la situación económica en el país seguía siendo difícil; la abundancia aún no había regresado. En cambio, en el resto del mundo la situación era buena, tal como dicen los jinetes: "Hemos recorrido la tierra, y he aquí, toda la tierra está en paz y tranquila" (versículo 11) — todas las naciones habitan en calma y gozan de bienestar.
Ante esto, el ángel clama al Señor: "¿hasta cuándo seguirás sin compadecerte de Ierushalaim y de las ciudades de Iehudá...?" (versículo 12). ¿Hasta cuándo gozarán todas las naciones de la abundancia económica que pertenece a Iehudá, mientras Iehudá permanece desolada?
El Señor le promete que pronto la situación mejorará: el Señor quitará la abundancia de las naciones ("y de gran manera estoy Yo enojado contra las naciones que están confiadas..."; 15), luego será construido el Templo ("Me volveré a Ierushalaim con compasión; en ella será reconstruida Mi casa..."; 16), y después también volverá la abundancia económica ("Nuevamente rebosarán Mis ciudades de bienes..."; 17).
Una profecía similar profetizó Zejariá en el capítulo 8 (versículos 9-13). Esta profecía fue pronunciada después de la construcción del Templo, como se desprende del versículo 9: "Esfuércense las manos de los que en estos días oyen estas palabras de boca de los profetas, desde el día en que fue puesto el fundamento de la casa del Señor de los Ejércitos, el templo que ha de ser edificado." Dice el profeta en su profecía: "Porque antes de estos días no había salario para los hombres ni paga para los animales..." (capítulo 8, versículo 10) — antes de que construyeran el Templo había escasez económica. Pero: "Mas ahora no trataré al remanente de este pueblo como en los días pasados..." (capítulo 8, versículo 11) — ahora, después de que fue construido el Templo, la situación económica mejorará, y Iehudá volverá a disfrutar de la bendición económica que le pertenece: "Porque habrá semilla de paz; la vid dará su fruto, la tierra dará su producto, y los cielos darán su rocío... y serán bendición" (capítulo 8, versículos 12-13).
Editado por el equipo del sitio del Tanaj.
Extraído de la publicación “Megadim”, editorial Tevunot.