La prueba de la espera

La prueba de la espera

 

Tanto el rey Shaúl como Iojanán hijo de Kareaj fueron puestos a prueba con una prueba insoportablemente difícil: la prueba de la espera. Esperar la palabra de Dios, y no actuar antes de que llegue. Pero al final, ambos fracasaron. Cada uno por su propia razón.

Ishmael hijo de Netaniá mató a Guedaliá, representante de Nevujadnetzar, y también mató a la guarnición babilónica que estaba en Ierushalaim (Melajim I, capítulos 2-3). El pueblo estaba angustiado: ¿Entendería Nevujadnetzar que esto fue obra del rey de los amonim, amonitas, y que los que quedaron en Ierushalaim estaban dispuestos a serle leales, o pensaría que el pueblo continuaba en rebeldía? Y si pensara que son rebeldes, no tendrían esperanza bajo el dominio babilónico, y deberían huir. Y esto hay que recordar: las guerras, entonces como ahora, no se libran con amor y consideración. Nevujadnetzar sabía cómo ejercer justicia estricta contra sus enemigos. Si sospechara del pueblo restante que tenía intenciones rebeldes en su corazón, no tendría esperanza.

Y en esta hora difícil, el pueblo se dirigió a Irmiahu y pidió la palabra de Dios. Irmiahu respondió a su petición, pero la palabra de Dios tardó en llegar: "Y aconteció que al fin de diez días tuvo Irmiahu revelación del Señor” (versículo 7).

Diez días esperó todo el pueblo una respuesta. En esos diez días, una guarnición babilónica podría encontrarlos y exiliarlos a Bavel, Babilonia. Después de todo, la guarnición babilónica había sido asesinada, ¿y quién les creería que no fueron ellos quienes la atacaron? Y diez días esperó todo el pueblo una respuesta sobre qué hacer: huir a Egipto o quedarse en Ierushalaim. Y solo cuando la tensión llegó al límite extremo de la capacidad, vino Irmiahu y dio su respuesta.

¿Hay algún antecedente para algo así? Una prueba similar le pasó el rey Shaúl cuando fue ungido rey: "Descenderás delante mío a Guilgal, y he aquí, yo descenderé a ti para elevar ofrendas y ofrecer consagraciones de paz. Esperarás siete días hasta que venga a ti y te haga saber lo que debes hace..." (Shmuel I, capítulo10, versículo 8). Y efectivamente, no pasó mucho tiempo antes de que Shaúl fuera requerido para cumplir el mandato del profeta.

Shaúl y Iojanán hijo de Kareaj enfrentan la misma prueba: ¿Serían capaces de esperar en tiempo de crisis, hasta que llegue la palabra de Dios, o no?

Shaúl es nombrado rey. La virtud del liderazgo de un rey es su capacidad de actuar bajo presión, sin quebrarse. Los pelishtim, filisteos, atacan, el pueblo comienza a huir. Y Shaúl, si verdaderamente es un rey real, se supone que no debe perder la compostura y debe esperar al profeta, hasta el momento establecido... Pero Shaúl no resistió la presión, y su reino fue entregado a otro.

Iojanán hijo de Kareaj y sus hombres esperaron hasta que llegó la palabra de Dios. Diez días completos permanecieron en el campamento y esperaron la palabra de Dios. No perdieron la compostura. No comenzaron a descender a Egipto antes de que llegara la profecía. Y la profecía llega. Pero el profeta dice cosas que no se ajustan a sus expectativas. Y se quiebran. Acusan a Irmiahu: "Es mentira lo que tú dices..." (capítulo 43, versículo 2).

Tanto Shaúl como Iojanán hijo de Kareaj fueron puestos a prueba con una prueba insoportablemente difícil: la prueba de la espera. Esperar la palabra de Dios, y no actuar antes de que llegue. Ambos fracasaron. El primero - su paciencia no le alcanzó, y no esperó el momento señalado. El segundo - esperó diez días, pero cuando la palabra de Dios no se ajustó a lo que esperaba - se negó a aceptarla.
 

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio DAAT.

Volver al capítulo
x