A diferencia de lo descripto en el mito babilónico "Enuma Elish" (el poema babilónico de la creación), la sabiduría tal como se describe en nuestro capítulo conoce perfectamente su lugar frente a Dios.
La sabiduría en nuestro capítulo abre su boca y pronuncia un largo discurso sobre su carácter y su esencia. La sabiduría afirma que incluso antes de que Hashem creara todo en la creación del mundo: "Hashem me creó en el principio de Su carrera, antes de Sus obras de tiempo antiquísimo" (Capítulo 8, Versículo 22). Ya sea que el significado de la palabra 'kanani' sea adquisición (Radak, Rabí David Kimhi, comentarista bíblico, 1160-1235) o que se trate de que Hashem creó la sabiduría (Riák, Rabí Iosef Kara, comentarista bíblico francés, 1060-1130), la sabiduría se presenta como quien precedió al mundo.
En el mito babilónico "Enuma Elish" aparece que los grandes dioses (Apsu y Tiamat — el dios de las aguas superiores y la diosa de las aguas inferiores) engendraron nuevos dioses: "Entonces fueron creados los dioses en su interior... Anu (=el dios del cielo) a su imagen engendró a Nudmud". Nudmud es en realidad un apelativo del dios de la sabiduría Ea, o con el nombre más conocido Enki. Como se describe en nuestro texto y a diferencia del mito babilónico, la sabiduría fue creada por los grandes dioses, pero en el mito, dado que se trata de dioses, el dios de la sabiduría puede dañar al gran dios. Así Ea, el dios de la sabiduría, logró mediante el engaño matar a su abuelo Apsu y heredó su lugar como dios de las aguas superiores.
El texto en nuestro libro, aunque es un texto de sabiduría que engrandece la sabiduría como si hubiera precedido al mundo, aclara perfectamente su relación con el Santo Bendito Sea. La sabiduría no se para al lado del Santo Bendito Sea sino que es Hashem quien adquirió o creó la sabiduría y por eso: "entonces estaba yo a Su lado, como el arquitecto (de todo); y era (Su) delicia de día en día, regocijándome siempre delante de Él; regocijándome en Su orbe terrestre, y mis delicias están en los hijos de los hombres" (Capítulo 8, Versículos 30-31). Si bien la sabiduría precedió al mundo, a diferencia de los mitos babilónicos no puede imponerse sobre Dios que la creó, el Santo Bendito Sea.