La vana confianza en Egipto y la metáfora del león

La vana confianza en Egipto y la metáfora del león

Al igual que en los capítulos previos, este capítulo comienza con un reproche hacia los líderes de Judá que "descienden" a Egipto en busca de carros y caballos de guerra, desatendiendo las advertencias de la Torá y la consulta a Dios. A pesar de esta falta de fe, el profeta asegura la salvación divina de Jerusalén a través de una impactante metáfora sobre un león y una multitud de pastores; esta figura se interpreta tanto como la fuerza con la que Dios rugirá para defender a Sión, o bien como el poderoso Imperio asirio (el león) devorando a Jerusalén ante la ruidosa pero inútil presencia de los egipcios (los pastores), escenario donde finalmente solo la intervención de Dios logrará el milagro de la salvación.

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