Hay árboles que pueden ser talados y se puede usar su tronco. Pero el tronco de la vid cortada no tiene utilidad. ¿Qué se puede aprender de la vid sobre los habitantes de Ierushalaim?
"Por tanto, así dice el Señor Dios: Como el árbol de la vid entre los árboles del bosque, el cual Yo he dado como cebo al fuego, asimismo daré a los habitantes de Ierushalaim. Y pondré Mi rostro contra ellos: de un fuego acaban de salir, y otro fuego los consumirá"
Nuestro capítulo es breve y enigmático, y no podemos explicarlo sin recurrir a una profecía anterior sobre la vid, la profecía de Yeshaiahu en la parábola de la viña (capítulo 5):
" Déjenme cantar del amado mío, el cántico de mi amigo respecto de su viña: Tuvo mi amado una viña en una colina feraz (fértil); y la cavó, y la despedregó, y la plantó de la vid más escogida; y edificó en medio de ella una torre, y también labró a pico un lagar en ella, y esperó que diese uvas, mas dio agrazones (uvas silvestres)... Porque la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Iehudá son la planta de Su deleite; esperaba equidad, y he aquí falta de equidad; justicia, y he aquí clamor."
(En un conocido Midrash sobre Jananiá, Mishael y Azariá, Yejezkel se refiere a Yeshaiahu como su maestro.)
La vid tiene dos características destacadas: sus frutos son excelentes y son la base del vino que alegra el corazón del hombre. Su tronco es bajo, torcido, quebradizo y no es bello.
Yeshaiahu está decepcionado de los frutos agrios de la viña que cultivó su amado o amigo, cuando la justicia se convirtió en vileza y la rectitud en clamor. No le queda más que el tronco, como el tronco de los árboles estériles. Pero la mayoría de los árboles estériles tienen un tronco recto y hermoso, y son apropiados para cambiar su forma y fabricar con ellos muebles bellos. Continuarán existiendo, pero no en su tierra natal, en el bosque, ni en su forma, como el árbol que crece en el bosque. El roble que el leñador y el carpintero convirtieron en una hermosa mesa de sala en una casa rica es una metáfora del pueblo que fue exiliado de su tierra, echó raíces en la tierra de su exilio, y vive allí con prosperidad.
Pero el tronco de la vid (la agria, en nuestro caso) no es apropiado para ningún trabajo, y solo sirve para leña y para ser quemado. Así también los hijos de Ierushalaim (y como escribimos en el capítulo 12), son como el tronco de la vid agria, y su final es la destrucción en su pecado y no el exilio.
Con toda la tristeza, el hecho de que el exilio no sea una solución para los hijos de Ierushalaim también tiene algo de alabanza.