Jagai profetizó al cumplirse los 70 años del exilio babilónico, y por ello se consideraba a sí mismo portador de un nuevo mensaje sobre el comienzo de una nueva época.
Los problemas relacionados con la cronología de los inicios del período del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo y las profecías de Jagai, así como las comparaciones con los libros de Ezrá-Nejemiá, han generado diversas teorías sobre las distintas etapas del Retorno a Tzión. La más difícil de las preguntas es: ¿cómo es posible que Jagai y Zejariá no mencionen en absoluto la primera Aliá en tiempos de Koresh, Ciro? ¿Por qué no consideran la construcción del Templo como la continuación del cumplimiento del designio divino que había comenzado en el pasado?
Parece que podremos responder a esto si profundizamos en la situación que se había instalado en Ierushalaim con la paralización de la construcción. Los olim habían llegado llenos de entusiasmo mesiánico, los ancianos aún recordaban el esplendor del pasado, y he aquí que de las alturas de la disposición para grandes gestas se había llegado al día de las pequeñeces, y no solo eso: crisis económica, inseguridad, provocaciones por parte del pueblo de la tierra, y sobre todo, la paralización de las obras. Es fácil imaginar cuán difícil era la posición del profeta al llamar a sacudirse el polvo de la pequeñez que los había envuelto durante unos dieciocho años.
El punto clave para la fe en la redención se encontraba en las palabras de Irmiahu enviadas a los exiliados de Bavel, Babilonia: “Cuando se hayan cumplido setenta años para con Bavel, Yo los visitaré, y cumpliré para con vosotros Mi buena promesa de hacerlos volver a este lugar” (Irmiahu, capítulo 29, versículo 10). Esos setenta años concluyeron en el primer año de Koresh. Sin embargo, entre el ascenso de Bavel y la destrucción de Ierushalaim transcurrieron dieciocho años, es decir, que hasta la declaración de Koresh solo habían transcurrido cincuenta y dos de los setenta años previstos, y aún faltaban dieciocho años para el cumplimiento de la profecía sobre la restauración de Ierushalaim.
Jagai vio por tanto en el ascenso de Dariavesh, Darío en el año 520, dieciocho años después del año 538, el fin del período del doble exilio: en Bavel bajo el dominio babilónico, y en la tierra de Iehudá bajo el terror del pueblo de la tierra. E intencionalmente ignoró todo lo que había sucedido antes. Se veía a sí mismo como portador de un nuevo mensaje sobre el comienzo de una nueva época, cuyo gran símbolo sería la última Casa del Señor, cuya gloria sería incluso mayor que la de la primera.
Editado por el equipo del sitio del Tanaj.
Extraído de “Iyunim bePirkei HaMikrá”, que fueron emitidos por Kol Israel.