Los hijos de los rejavitas, aparentemente, fueron una especie de secta monástica de buscadores de Dios, un remanente de aquella fe que buscaba a Dios en el desierto deshabitado.
El capítulo 35 relata sobre Irmiahu que llamó a los hijos de los rejavitas y les propuso beber vino. Los hijos de los rejavitas se negaron a la invitación de beber - "Mas ellos contestaron: "No beberemos vino, porque Yonadav, hijo de Rejav, nuestro antepasado, nos impuso mandamiento, diciendo... No beberán vino, ni ustedes ni vuestros hijos, para siempre;ni tampoco edificarán casa, ni sembrarán granos, ni plantarán viñas, ni poseerán estas cosas; sino antes habitarán en tiendas todos vuestros días” (versículos 6-7) ...
Los hijos de los rejavitas explican al profeta que entraron a la Ierushalaim habitada por temor a los babilonios (pues se les había ordenado no vivir en residencias permanentes), pero también en Ierushalaim continuaron observando el resto de los mandamientos. De aquí continúa Irmiahu con la profecía al pueblo de Israel - ¡los hijos de los rejavitas guardan los mandamientos de su padre, y ustedes hijos de Israel no escuchan los mandamientos de nuestro Padre celestial!
¿Quiénes son los hijos de los rejavitas, son de los hijos de Israel o de otro pueblo, cuál es su mundo espiritual? En el libro Melajim II capítulo 10 se relata sobre el padre de la tribu - Yonadav hijo de Rejav - que fue socio de la revolución de Yehú, y deducimos que la fe monoteísta estaba en el fundamento de su mundo. Del relato en el capítulo de Irmiahu podemos completar un poco el rompecabezas. Los hijos de los rejavitas fueron una tribu nómada que no construía casas y tampoco plantaba árboles, para no estar atados a un lugar. Tampoco bebían vino - una conducta que recuerda a los votos del Nazareno (“Nazir”, en hebreo). Podemos deducir que la tribu de los hijos de los rejavitas fue una secta monástica de buscadores de Dios. Ellos creían que la casa y la permanencia desconectan al hombre de su Dios, como advierte el texto bblico en el libro Devarim - "Cuídate, no sea que olvides a Dios... No sea que comas y te sacies, y casas buenas edifiques y las habites... y plata y oro se te incremente... Y que se enaltezca tu corazón y que olvides a Hashem tu Dios... El que te ha conducido por el desierto grande y temible: culebras, serpientes abrasadoras y escorpiones, tierra de sed: donde no hay agua... para afligirte... Y digas en tu corazón: mi fuerza y el poder de mi mano me hizo esta riqueza"... (Devarim, captulo 8, versículos 11-17).
Los hijos de los rejavitas son mencionados en una de las listas genealógicas de la tribu de Iehudá en el libro Divrei Haiamim, Crónicas - "Y las familias de los escribas que habitaban en Yabes, fueron los tiratitas, los shimatitas, y los sujatitas. Éstos son los Quinitas (Keinim), que descendieron de Jamat, padre de la casa de Rejav " (Divrei Haiamim I, capítulo 2, versículo 55). En el libro de Shoftim (capítulo 1, versículo 16) se relata sobre los Keinim, hijos del suegro de Moshé que se unieron a la tribu de Iehudá, y de aquí se entiende que los hijos de Rejav son del linaje de los Keinim, suegro de Moshé. Estos asuntos se mencionan en versículos breves y la información no está completa, y a nosotros no nos queda más que completar el rompecabezas con conjeturas.
En el libro Shemot se relata sobre Moshé que huyó de los palacios de Egipto y encontró a Itró que era Cohen, sacerdote de Midián y también a su Dios en el monte Joreb. También se relata sobre el pueblo de Israel que huyó de Egipto y antes del encuentro del monte Sinai encontró a Itró. Egipto era el esplendor de la cultura humana y las obras de construcción egipcias existen hasta la actualidad. Moshé tenía que encontrar a Itró para aprender e interiorizar que Dios no se encuentra en el esplendor y en el oro, sino en el silencio del desierto, y solo después de encontrar a Itró pudo encontrar a Dios en el monte Joreb en el corazón del desierto.
Como se relata en el libro Bamidbar (capítulo 10, versículos 29-32), Moshé le propone a su suegro Itró unirse al viaje del desierto para mostrarles su camino, y a cambio recibiría herencia en la tierra buena. Itró, aparentemente se negó y continuó viviendo en el desierto. Entre sus hijos había quienes pasaron por un proceso de conversión y se unieron a la tribu de Iehudá que vivía en la frontera del desierto, y había quienes continuaron con las migraciones del desierto.
Los hijos de los rejavitas fueron aparentemente un remanente de aquella fe que buscaba a Dios en el desierto deshabitado. Es posible continuar y hacer conjeturas, y también lo que hemos escrito aquí no es más que una conjetura, pero así es el camino del estudio. A veces la información completa se encuentra en el texto bíblico, y en otras ocasiones, no tenemos más que conjeturar y completar el rompecabezas.
Y nosotros, hijos de la cultura que habitamos en casas donde no se escuchan las voces del viento, escuchamos de repente una voz lejana de Yonadav hijo de Rejav que nos insta a liberarnos de las cadenas de la cultura milenaria y salir a la desnudez del desierto y escuchar las voces de Dios que ya por muchas generaciones el hombre ha cerrado sus oídos para no escuchar.
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