Los montes de Israel expresan la dimensión del recuerdo y el testimonio. Se erigen a lo largo de las generaciones para recordar lo que hubo aquí en tiempos de esplendor, lo que quedó en tiempos de destrucción, y hacia qué hay que anhelar y esperar en tiempos del retorno a Tzión.
La referencia profética a las montañas en general y a las montañas de Israel en particular, puede ser por diversas razones. En primer lugar, el lugar de nuestro Templo es "la montaña de Dios" y Ierushalaim en general tiene "montañas alrededor de ella". Sin embargo, más allá de esto, la sensación es que en las montañas hay una dimensión que trasciende el tiempo, y quizás también cierta trascendencia de las limitaciones del lugar, ya que se elevan por encima de la llanura y por encima de los valles.
Las montañas de Israel están relacionadas con buenas nuevas por un lado, y con el gran fracaso de la idolatría por el otro. Y efectivamente el profeta Yejezkel menciona todos los instrumentos del culto extranjero que se adhirieron en manos de los pecadores a las montañas y colinas, a los arroyos y valles. Todo lugar que tenía belleza y esplendor fue capturado por la inclinación hacia el culto extranjero. Ese terrible fracaso de la gente del Primer Beit HaMikdash, el Primer Gran Templo, que trajeron sobre sí mismos la destrucción.
Sin embargo, en mi opinión, las montañas de Israel expresan también la dimensión del recuerdo y el testimonio. Se erigen a lo largo de las generaciones para recordar lo que hubo aquí en tiempos de esplendor, lo que quedó en tiempos de destrucción, y hacia qué hay que anhelar y esperar en tiempos del retorno a Tzión.
El profeta menciona aquí a los sobrevivientes de la espada que permanecerán como testigos. "Y dejaré, sin embargo, un resto, de modo que tengan entre las naciones algunos que escapen de la espada, cuando fueren esparcidos entre los países. Y los que de vosotros escaparen se acordarán de Mí en medio de las naciones, adonde fueren llevados cautivos, cuando haya Yo quebrantado su corazón infiel que se apartó de Mí..." (versículos 8-9).
Y efectivamente, comenzando desde el cántico "Escuchen" de Moshé, nuestro maestro, los cielos y la tierra son testigos permanentes y fieles de la palabra profética. Y aquí en nuestro profeta no solo los sobrevivientes de carne y hueso permanecen y testifican, sino que también las montañas que "hospedaron" el culto idólatra, encontrarán el camino para transmitir tanto el fracaso como su reparación.
Gentileza sitio 929