Este capítulo cierra la sección de profecías sobre las naciones (Masahot) con un juicio contra Tiro y Sidón, las ricas ciudades costeras de Fenicia famosas por su dominio comercial marítimo. El profeta Isaías personifica al propio mar dándole la espalda a sus "hijos" en el momento de la destrucción asiria, demostrando cómo la soberbia humana y el poder económico se desmoronan ante el decreto divino. Finalmente, el pasaje concluye con una nota de restauración: tras un plazo simbólico de 70 años, Tiro renacerá comercialmente, pero esta vez reconociendo la soberanía de Dios y consagrando sus ganancias al servicio del Creador.