No despreciar el día de las pequeñeces

No despreciar el día de las pequeñeces

Zejariá le enseña al pueblo algo que en el futuro será la clave para la existencia del pueblo judío tanto en el exilio como en su retorno a la tierra: no se debe despreciar el día de las pequeñeces, porque de muchos días pequeños como esos termina brotando algo grande.

"Pues aquellos que han menospreciado el día de las pequeñeces, se alegrarán cuando vean la piedra de la plomada en la mano de Zerubabel" (versículo 10).

¡Cuán difícil es el largo y prolongado proceso cuya única meta es algo imperfecto, que quizás no llegue a prosperar del todo! Los profetas del Segundo Beit HaMikdash, el Segundo Gran Templo y sus líderes tuvieron que enfrentarse a dificultades enormes.

La mayor parte del pueblo permaneció en el exilio, donde el éxito material era, al parecer, considerable. Aquí, en la tierra, estaban los más humildes del pueblo. Ellos sabían que eran los más humildes, sabían que les resultaba difícil y que quizás en Bavel, Babilonia era más fácil. Debían enfrentarse a las dificultades cotidianas — el sustento, enemigos internos, enemigos externos. No era fácil aquí en esta tierra.

También sabían que aquí había existido en el pasado algo glorioso, a cuyo nivel probablemente nunca lograrían llegar. Les decían que aquí había sido hermoso antes de que ellos nacieran, y que todo había sido simplemente maravilloso unas décadas atrás. Pero Zejariá no se deja impresionar por nada de esto.

Zejariá exige al pueblo que tome en serio "el día de las pequeñeces". El día en que Zerubabel comienza las mediciones con la piedra de la plomada. Mediciones que al final darán lugar a un Templo en el corazón de Ierushalaim. Un Templo probablemente menos glorioso que el que aquí existió alguna vez. También el culto en él no alcanzará el nivel del Primer Beit HaMikdash, el Primer Gran Templo, y aún se esperan muchas dificultades — y sin embargo.

Zejariá le enseña al pueblo algo que en el futuro será la clave para la existencia del pueblo judío tanto en el exilio como en su retorno a la tierra: no se debe despreciar el día de las pequeñeces, porque de muchos días pequeños como esos termina brotando algo grande — el nacionalismo hebreo en la tierra de Israel.


Gentileza sitio 929.

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