Oprobio en las naciones

Oprobio en las naciones

 

La conexión entre un pueblo y su Dios es honor para el pueblo; la ruptura de esa conexión es deshonra. El honor del pueblo de Israel es también el honor de Dios, y por lo tanto, evitar la deshonra de Israel es la razón de su redención.

La relación entre Dios y el hombre se expresa en la conexión entre Israel y su Dios. El pueblo de Israel, que sirve a su Dios, también sirve de ejemplo para el mundo entero y da testimonio de la providencia con que Dios dirige el mundo.

El fracaso del pueblo de Israel es como si fuera el fracaso de Dios. Si así hizo el Señor con su pueblo elegido, significa que no puede hacer algo mejor; no puede cumplir lo que prometió. Y de hecho, tal argumento aparece en la plegaria por el pueblo de Israel. Cuando Moshé escucha las palabras de ira "déjame y se encenderá mi ira contra ellos y los consumiré", responde inmediatamente: "¿Por qué habrán de expresarse los egipcios diciendo: Para el mal los ha sacado, para matarlos en las montañas y para exterminarlos de sobre la faz de la tierra. Desiste de Tu furor y arrepiéntete del mal para con Tu pueblo" (Shemot, capítulo 32, versículo 12).

La manera en que las naciones ven el castigo de Israel constituye un peso considerable en la descripción de todo castigo que Israel recibe. El término que los profetas de la generación de la destrucción usan frecuentemente es "deshonra". La deshonra es la gran vergüenza que siente el pueblo de Israel cuando las naciones ven su fracaso, y ven cómo Israel traiciona su misión y cómo Dios castiga a su pueblo.

Y así es en las profecías de Yejezkel. En el capítulo 5 el profeta describe la singularidad de Ierushalaim: "...¡Esta es Ierushalaim! En medio de los paganos la puse Yo, y alrededor de ella están los (demás) países..." La descripción del castigo es insoportable: peste, hambre y espada. Y el aspecto del terrible relato: "te reduciré a ruinas, y te pondré por oprobio de las naciones que están en tus alrededores, a los ojos de todo transeúnte... Y tú serás un escarnio y un vituperio, un escarmiento y un asombro a las naciones que están en derredor de ti..." (capítulo 5, versículo 15). El punto culminante del castigo - ser una deshonra, ser objeto de burla y escarnio, llegar a la situación en que todos saben que el Señor ha abandonado a su pueblo.

Y así en nuestro capítulo. El profeta proclama sobre Ierushalaim y enumera sus abominaciones. "Ciudad que derrama sangre en medio de sí para que venga su hora". Y el castigo: "por tanto te he hecho el vituperio de las naciones, y el escarnio de todas las tierras... Las que están cerca de ti y las que están lejos, harán escarnio de ti, (diciendo): ¡ah amancillada de nombre, y llena de confusión!" (capítulo 22, versículos 4-5).

Y así es en las profecías de consuelo. Exactamente como en la profecía de Moshé: "¿Por qué han de decir los egipcios?", así aparece la razón de la redención en Ezequiel. " ni dejaré oír contra ti en adelante el oprobio de las naciones, ni llevarás más el vituperio de los pueblos..." (capítulo 36, versículo 15). Y más adelante: "Y los libraré de todas vuestras inmundicias... a fin de que no los alcance más el vituperio del hambre entre las naciones” (capítulo 36, versículos 29-31). El hambre es malo en sí mismo; la deshonra del hambre - es peor aún. El argumento para la redención - evitar la deshonra.

La conexión entre un pueblo y su Dios es honor para el pueblo; la ruptura de esa conexión es la deshonra. El honor del pueblo de Israel es también el honor de Dios, y por lo tanto, evitar la deshonra de Israel es la razón de su redención.

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio DAAT.

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