Dios es el padre de Israel. Un padre siempre ama a su hijo, y hará todo lo posible para disminuir su sufrimiento y ayudarlo.
Las profecías de redención de Irmiahu se pronuncian sobre el trasfondo de la destrucción que se avecina. Por eso, Irmiahu no justifica la redención en el hecho de que Israel sea meritorio, sino en su desgracia. Es muy posible que sean culpables según la justicia, pero merecerán ser redimidos al ser un pueblo de supervivientes de la espada que necesitan descanso. La descripción de los redimidos no es más que una descripción de los supervivientes, el remanente que viene a la tierra con llanto y súplicas, y el propósito de la redención es darles descanso. Por eso, se enfatizan a continuación el bienestar y los placeres que se les darán. La satisfacción misma de sus necesidades es el objetivo. Todo está dirigido a que su alma sea como un jardín regado, saciada de todo bien y que no conozcan más pena ni dolor.
No hay aquí una redención que venga de buenas acciones o como resultado del arrepentimiento, sino un deseo divino de ayudar a esas almas miserables que conocieron tanto dolor y sufrimiento, y ser bondadoso con ellas. El significado de estas palabras es que Irmiahu nos enseña que hay importancia religiosa en el mero hecho de dar descanso a un pueblo de supervivientes de la espada. No solo la redención acompañada de arrepentimiento y amor a Dios, sino también la reunión de los exiliados que sufren y son pobres y traerlos a la tierra tiene importancia religiosa. La razón para esto es doble. Primero, Dios, es abundante en bondad, clemente y misericordioso, y otorga bondad a sus criaturas.
Pero hay también otra razón que es enfatizada por el profeta: "porque (ahora) soy un Padre de Israel, y Efraim es Mi primogénito (versículo 8).
La preocupación por el remanente de Israel y su sufrimiento refleja el enfoque de Dios hacia su pueblo como un padre hacia sus hijos. Un hijo que se desvió sigue siendo hijo y el padre permanece fiel a él como su hijo. Él recuerda con cariño el hermoso pasado y se conmueve por él, y trata de aliviar su sufrimiento y ser bondadoso con él en el presente. El recuerdo del pasado, la nostalgia por esos tiempos hermosos, y la esperanza de que puedan regresar se expresan en el versículo conocido:
"¿No es Efraim para Mí un hijo querido? ¿No es un niño precioso? Pues cuantas veces hablo de él, Me acuerdo de él con ternura todavía; por tanto Mis entrañas se conmueven por él; ciertamente tendré compasión de él, dice el Señor" (versículo 19)
También la profecía de "se oye una voz en Ramá" (versículos 14-16) se integra en esta perspectiva: El llanto de Rajel no solo despierta el mérito de los patriarcas, sino que enfatiza el sufrimiento de Israel en el exilio, y cuán difícil es esto para el padre. La redención prometida a Rajel no es solo por el mérito de los patriarcas y matriarcas, sino porque esos mismos sentimientos maternales que llevan a Rajel a llorar y la guían, también llevan a Dios, el padre de Israel, a preocuparse por ellos y hacerlos regresar.
Editado por el equipo del sitio del Tanaj.
Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica Har Etzion.