Pedir perdón es una virtud

Pedir perdón es una virtud

La disposición a reconocer la propia interioridad con todas sus faltas y virtudes, admitir los errores, decirlo en voz alta, decírselo a los demás, tiene mucho de valentía y de liderazgo.

En el perdón hay una expresión de modestia y humildad que provienen de un lugar de profunda conciencia de uno mismo. Una persona que reconoce que se equivocó, y más aún, que hirió a otros, es una persona humilde, capaz de reconocer sus propias carencias.

En el perdón hay también una expresión de modestia en el aspecto práctico: cuando una persona viene a pedir perdón a su prójimo se pone por debajo de él, y así lo describe el Versículo 3 del capítulo: "¡haz esto ahora mismo, hijo mío, y líbrate, ya que has caído en el poder de tu prójimo!, ¡anda, humíllate, e insta a tu prójimo (a que pague su deuda)!" (Capítulo 6, Versículo 3).

Después de que una persona cae en el poder de su prójimo, se comprometió con él en algún asunto y no cumplió lo acordado, le dejó una cuenta abierta, un asunto que requiere atención, el autor le recomienda "ve, humíllate", sométete, ponte por debajo de él, y no solo eso sino además "e insta a tu prójimo", fortalece a tu amigo y dale superioridad sobre ti.

Sin duda el versículo expresa una gran humildad y una enorme capacidad de reconocer el error, que pueden llevar a la persona a la postración, a la sumisión y a ponerse como un umbral pisoteado frente a su prójimo. Una situación así podría verse como una abyección excesiva, como esfuerzos poco dignos que a veces se hacen en vano, pues nadie garantiza que el perdón vaya a llegar.

Pero hay que recordar algo importante en este contexto: esa persona que pide perdón, a su prójimo o a su Creador, es ella misma quien toma la iniciativa. Es ella misma quien lidera. Nadie nos obliga a pedir perdón. Se trata de una elección consciente, independiente y completamente libre. Una elección así proviene de un lugar muy elevado y grande en el alma humana. La disposición a reconocer la propia interioridad con todas sus faltas y virtudes, admitir los errores, decirlo en voz alta, decírselo a los demás, tiene mucho de valentía y de liderazgo.

Un líder asume responsabilidades. Un verdadero líder sabe pedir perdón si se equivocó. Un verdadero líder tampoco se atemoriza ante los errores. Los errores le ocurren a todos; la prueba está en cómo se actúa con ellos después de que ocurrieron. ¿Existe el perdón desde la humildad, o no?

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El autor es expresidente de la organización Gesher

Gentileza sitio 929

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