· “Todos vosotros estáis hoy presentes ante el Eterno,...para ingresar en el Pacto con el Eterno tu D-s y en el Juramento con el que se compromete el Eterno contigo hoy. Con ello te consagra hoy como pueblo Suyo, siendo El tu D-s, como lo había jurado a tí, a tus padres y a Abraham, Isaac y Jacob. Pero no solamente con vosotros celebro este Pacto, sino también con los que no están presentes hoy aquí.”
(Deuteronomio 29,9-15)
Pregunta: Con respecto al pacto entre D-s y esa generación de Israel, ¿quién les dio a ellos el poder para comprometer a toda su descendencia futura en esta difícil responsabilidad?. ¿Cómo pudieron jurar y decir “Naasé Venishmá” (haremos y escucharemos) incluyendo también a las generaciones venideras, cuando hay tantas advertencias y tan graves castigos involucrados en caso de violar este pacto?
Respuesta:
Una respuesta ya conocida es la que utiliza el Midrash TANJUMA: en ese pacto, además de toda esa generación, se encontraban también todas las almas que en un futuro habrían de nacer, y que de este modo fueron incluidos en el pacto y aceptaron el compromiso en igualdad con los allí presentes. Abarbanel critica fuertemente esa postura ya que un alma, al no tener contacto con un cuerpo, no puede ser considerada como un HOMBRE completo; ésto invalidaría la participación del pacto por parte de las almas.
Abarbanel propone su explicación comenzando con el siguiente ejemplo: Si un padre contrae una deuda y fallece antes de cubrirla, es claro que sus hijos (aún cuando no hayan nacido al momento de ser contraída la deuda) son responsables por el pago pendiente. Así como un hijo se beneficia por una herencia recibida, de igual forma se compromete a pagar lo que su padre debe.
En nuestro caso, el pueblo de Israel era esclavo en Egipto, y al sacarnos D-s de ahí, se podría decir que estamos en deuda con El. Es claro que el Todopoderoso no quiere dinero ni recompensa material alguna; lo único a que nos comprometimos en el Monte Sinai es a cumplir la Torá como nos fue ordenado, y aceptado por nosotros con el famoso dicho “Naasé Venishmá” (Haremos y Escucharemos). Este fue entonces el primer pacto que realizó D-s con el pueblo de Israel al pie del Monte Sinai.
Han pasado ya cuarenta años a partir de ese momento, y una nueva generación está por entrar a una Tierra que fue prometida a este pueblo desde la época de los patriarcas. Sin embargo, ésto tampoco es gratis, sino un préstamo que involucra un compromiso: Aquí, la estadía en Israel depende constantemente de nuestro comportamiento; la Torá advierte que, de incumplir nosotros nuestra parte del pacto, la Tierra habrá de “vomitar a sus habitantes”, porque la tierra de Israel no tolera la inmoralidad ni la idolatría.
Así entonces, comprendemos ahora que aquel pacto y juramento que hicieron nuestros padres no fue un compromiso simple sino dos deudas que nos legaron, y que debemos cumplir a cabalidad: Una, el habernos redimido de Egipto y obtener la libertad; y la segunda, la posesión de la Tierra de Israel. Si tomamos conciencia de esto, entenderemos que nuestros padres no se endeudaron en su propio beneficio, sino a cambio de activos de los que nos beneficiamos y que disfrutamos en cada generación.
Cuando nuestra propiedad de la Tierra de Israel es constantemente cuestionada y discutida, es más que oportuno analizar dónde está la clave del asunto y “sacar el contrato del cajón”, para releer nuevamente esas cláusulas que El Dueño de Todo el mundo marcó como condiciones.