Los próximos capítulos (30-33) incluyen una colección de profecías de redención.
Apertura (versículos 1-3)
Dios ordena a Irmiahu escribir las palabras "en un libro", ya que se trata de una colección de profecías de redención: "y los haré volver a la tierra que di a sus padres, y ellos la poseerán" (versículo 3).
La difícil situación de Ierushalaim y la redención (Versículos 4-11)
Aunque Ierushalaim es descrita como presa del terror "¿por qué causa, pues, veo a todo hombre con las manos sobre sus lomos, como parturienta, y se han vuelto pálidos todos los rostros? (versículo 6), el profeta anuncia que Dios salvará a Israel: "haré pedazos su yugo (del enemigo) de sobre tu cuello, y romperé tus coyundas: y (a Mi pueblo) los extraños no le reducirán más a servidumbre" (versículo 8). El profeta alienta a Israel: "Y tú no temas, oh siervo Mío Iaacov, dice el Señor, ni te amedrentes, oh Israel, pues he aquí que Yo te salvaré, (trayéndote) de lejanos países... pues exterminaré a todas las naciones, en donde te he dispersado " (versículos 10- 11).
Dios escuchará el clamor de Israel (Versículos 12-17)
El pueblo se encuentra en una situación difícil: "Tu llaga es mortal, y maligna es tu herida. No hay quien tome tu parte para vendar tu herida; no hay medicamentos eficaces para ti" (versículos 12-13). A diferencia de los amantes de Ierushalaim que la abandonaron, Dios no abandona a Ierushalaim: Él escuchará sus oraciones y la salvará: " Porque te haré curar y te sanaré de tus heridas, dice el Señor, por cuanto te han llamado "Desechada"; (diciendo): "¡Ésta es Tzión, de quien nadie se acuerda ya!" (versículo 17).
La realidad en la redención (Versículos 18-25)
El profeta describe cómo Ierushalaim será reconstruida: "y será reedificada la ciudad sobre su montón de escombros, y el templo será asentado a la manera antigua" (versículo 18), y la ciudad estará llena: " Y de allí procederán acciones de gracias, y la voz de los que hacen alegrías: y Yo los multiplicaré, y no serán pocos; y Yo los honraré, y no serán despreciados" (versículo 19). Además de la buena situación de la ciudad, también se restaurará la relación entre Dios e Israel: "y ustedes serán Mi pueblo, y Yo seré vuestro Dios" (versículo 22). Paralelamente, Dios se vengará de los malvados y pecadores, y no traerá sobre ellos la redención: "He aquí que el torbellino del Señor ya ha salido furiosamente, torbellino arrebatador; caerá sobre la cabeza de los inicuos. No tornará el ardor de la ira del Señor hasta que haya cumplido y hasta que haya establecido los propósitos de Su corazón: en los tiempos venideros entenderán esto" (versículos 23-24).