Síntesis del capítulo, Irmiahu 51

Síntesis del capítulo, Irmiahu 51

Los enemigos de Bavel, el pueblo de Israel sale de Bavel (Versículos 1-14)

El profeta describe cómo el enemigo destruye Bavel, Babilonia "Así caerán muertos en la tierra de los kasditas (caldeos), y traspasados en sus calles” (versículo 4). Paralelamente, el profeta llama a Israel y Iehudá a salir de Bavel: "¡Huyan de en medio de Bavel! ¡Ponga a salvo cada cual su vida!, no sea que perezcan por su iniquidad; porque tiempo es de la venganza del Señor; Él va a darle la recompensa" (versículo 6). La profecía presenta a Bavel como quien pensó que dominaba el mundo, pero ahora es miserable: "Repentinamente cayó Bavel, y se hizo pedazos; aúllen sobre ella; tomen bálsamo para su herida, por si acaso ella sane" (versículo 8). Más adelante se describe nuevamente cómo el enemigo daña a Bavel.

La grandeza de Dios y la nulidad de los dioses (Versículos 15-19)

En este párrafo se enfatiza la grandeza de Dios frente a la nulidad de los ídolos. Dios es el creador del mundo y gobierna los astros celestiales: "(El Señor) hace la tierra con Su poder, establece el orbe con Su sabiduría, y con Su inteligencia extiende los cielos" (versículo 15), pero las estatuas son mentira y no hay espíritu en ellas, porque son creadas por los seres humanos. Este párrafo es una repetición de la profecía del capítulo 10, versículos 12-16.

 

La llegada del enemigo y el pánico en la ciudad (Versículos 27-32)

Esta sección se abre con una parte poética que presenta cómo cada parte de Bavel será dañada con repetición de la raíz "quebrantar": "Tú (oh Bavel), has sido Mi martillo, armas de guerra; pues contigo hago pedazos las naciones, y contigo destruyo los reinos. y contigo hago pedazos el caballo y a su jinete, y contigo hago pedazos el carro de guerra, y al conductor de él" (versículos 20-21). Después el profeta describe cómo el enemigo llegará sobre Bavel, y hay que hacer sonar el Shofar que anuncia la guerra. El profeta llama a muchos pueblos a salir a la guerra contra Bavel. Los soldados de Bavel son comparados con mujeres que no pueden luchar: "Dejan de pelear los valientes de Bavel; se quedan en sus fortalezas; se ha acabado su poderío; ellos han venido a ser como mujeres" (versículo 30).

La lamentación de Ierushalaim, el castigo a Bavel y el llamado a salir de Bavel (Versículos 33-46)

La ciudad de Ierushalaim habla directamente y dice: "(Dice Tzión): "Me consumió, me destruyó Nevujadretzar, rey de Bavel; me puso como vasija vacía; cual cocodrilo me tragó; se llenó su vientre de mis delicadezas; me echó fuera" (versículo 34) – es decir, ella llora cómo Bavel la dañó. Dios responde y dice: "He aquí que Yo defenderé tu causa, y vengaré tus agravios, y secaré la mar de ella, y haré que se sequen sus fuentes" (versículo 36), y describe cómo los enemigos subirán sobre Bavel como un mar que la inundará. Esta descripción se repite a lo largo del capítulo y está relacionada con el entorno donde se encuentra Bavel – un lugar fértil que sufrió frecuentemente por las crecidas de los ríos, el Éufrates y el Tigris: "Ha subido contra Bavel el mar (de enemigos); con el tumulto de sus olas ella ha sido anegada (versículo 42).

Dos párrafos que profetizan la destrucción de Bavel (Versículos 47-58)

Los dos párrafos que tenemos ante nosotros (47-51; 52-58) comienzan de la misma manera: "Por tanto, he aquí que vienen días" (versículos 47, 52) y se refieren a que el enemigo llegará a Bavel y la destruirá. En el primer párrafo se mencionan los fugitivos del pueblo de Israel: "¡Los que han escapado de la espada, vayan, no se detengan! ¡Acuérdense desde lejos del Señor, y venga Ierushalaim a vuestros pensamientos! Avergonzados estamos, porque hemos escuchado nuestra afrenta; la confusión ha cubierto nuestro rostro, porque entraron los extraños en los santuarios de la casa del Señor" (versículos 50-51).

La escritura de las profecías alusivas a Bavel (Versículos 59-64)

 Irmiahu ordena a Seraiá, hijo de Neriá, que fue exiliado a Bavel, que muestre al rey de Bavel las profecías: "Cuando hubieres llegado a Bavel, mira y lee todas estas palabras" (versículo 61). Después de que Seraiá lea las profecías al rey de Bavel, debe arrojar el rollo al río Éufrates: "y dirás: "Así se hundirá Bavel, y no volverá a levantarse, a causa del mal que voy a traer sobre ella!", de modo que serán rendidos" (versículo 64). El capítulo termina con la firma "Hasta aquí las palabras de Irmiahu", ya que el siguiente capítulo, que es el último, es en realidad una repetición del último capítulo del libro Melajim que describe la destrucción.

 

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