También después del castigo-el pueblo continuará pecando (Versículos 1-3)
En este pasaje se describe cómo, incluso después del castigo, el remanente del pueblo continuará pecando y adorando ídolos:
"En aquel tiempo, dice el Señor, sacarán de sus sepulturas los huesos de los reyes de Iehudá... y los huesos de los habitantes de Ierushalaim. Y los esparcirán al sol, y a la luna, y a todo el ejército del cielo, (objetos) que ellos amaron, y a los que sirvieron, y en pos de los cuales anduvieron, y a quienes consultaron, y ante los cuales se postraron" (versículos 1-2).
Así, el remanente del pueblo "elige" la muerte en lugar de la vida:
" Y la muerte será preferible a la vida para todo el resto que quedare de esta familia perversa" (versículo 3).
El pueblo no está dispuesto a retornar a la senda correcta (Versículos 4-12)
El profeta se pregunta:
“¿Por qué, pues, es rebelde este pueblo de Ierushalaim con una rebelión perpetua? Abrazaron el engaño; rehúsan volverse” (versículo 5).
El profeta describe cómo:
“No hubo quien se arrepintiese de su maldad/diciendo: "¿Qué he hecho yo?’” (versículo 6).
A diferencia de los animales, que conocen sus reglas, el pueblo de Israel no conoce el camino de Dios.
El profeta se dirige directamente a los Sabios del pueblo y se pregunta cómo pueden llamarse a sí mismos sabios, si “la pluma mentirosa de los escribas la ha cambiado en mentira” (versículo 8), y también ellos serán golpeados por la calamidad:
“Avergonzados serán los sabios; se aterrarán y serán presos” (versículo 9).
Descripción del castigo (Versículos 13-17)
"Como consecuencia de los pecados del pueblo, Dios traerá sobre ellos la calamidad, tras la cual casi no quedará remanente en Ierushalaim:
“Los acabaré del todo, dice el Señor: no habrá uvas en la vid, ni higos en la Higuera” (versículo 13).
Aunque el pueblo espera lo bueno, de repente vendrá la calamidad y los golpeará:
“Esperábamos la paz, pero no vino ningún bien; tiempo de sanidad, mas he aquí el terror” (versículo 15).
Lamentación (Versículos 18-23)
En este párrafo se presentan las lamentaciones del pueblo y del profeta. El profeta dice: “He aquí la voz del grito de la hija de mi pueblo (suena) desde una tierra remota: ¿Acaso no está el Señor en Tzión? ¿No está en ella su Rey? (versículo 19). Y también el pueblo se lamenta: “¡Pasó ya la siega, y se acabó el verano, y nosotros no estamos a salvo!” (versículo 20). El profeta continúa preguntándose por qué no son respondidas las plegarias del pueblo, y finalmente clama: “¡Oh, si fuera aguas mi cabeza, y mis ojos fuente de lágrimas, para que día y noche yo llorara por los muertos de la hija de mi pueblo! (versículo 23).