El justo sabio y su recompensa (Versículos 1-12)
Como apertura del párrafo el padre advierte a su hijo que lo escuche: "Hijo mío, no olvides mi enseñanza, y guarde tu corazón mis mandamientos" (Capítulo 3, Versículo 1), y que recuerde bien el camino de la bondad y la verdad: "No te abandonen la benevolencia y la verdad; átalas a tu cuello, escríbelas en la tabla de tu corazón" (Capítulo 3, Versículo 3). En el centro de sus palabras el padre detalla la conducta apropiada hacia Hashem y la recompensa que la acompaña: "Confía en Hashem con todo tu corazón, y no te apoyes en tu mismo entendimiento. Tenelo presente en todos tus caminos, y Él allanará tus senderos… Honra a Hashem con tu hacienda, y con lo mejor de todos tus productos. Así se henchirán tus graneros de abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto" (Capítulo 3, Versículos 5-10).
Elogio de la sabiduría y del que se apega a su camino (Versículos 13-20)
En este párrafo no hay una apelación directa al hijo, y aparecen afirmaciones generales sobre la grandeza de la sabiduría: "Dichoso el hombre que halló la sabiduría, y el hombre que ha adquirido la inteligencia; porque su ganancia vale más que la ganancia de plata, y (mejor es) su rédito que el oro puro" (Capítulo 3, Versículos 13-14), y también: "Sus caminos son caminos de dulzura, y todos sus senderos paz. Es árbol de vida para los que echan mano de ella, y dichoso es todo aquel que la tiene asida" (Capítulo 3, Versículos 17-18).
Advertencias (Versículos 21-35)
En este párrafo vuelven a aparecer las palabras del padre a su hijo. En la apertura (Versículos 21-26) el padre señala que la sabiduría ayuda a la persona a desenvolverse, salvarse y sobrevivir en un mundo peligroso y amenazante: "Hijo mío, no se aparten (estas cosas) de tus ojos; guarda la sabiduría y la prudencia… Entonces andarás con seguridad en tu camino, y no tropezará tu pie" (Capítulo 3, Versículos 21-23). A continuación vienen cinco advertencias: no abstenerse de hacer el bien (Versículo 27); no postergar la realización del bien como si fuera un préstamo (Versículo 28); no planear el mal contra el prójimo (Versículo 29); no entrar en conflicto con quien no ha obrado mal (Versículo 30); no envidiar ni acercarse al hombre malvado (Versículo 31).
Redacción: Netanel Shpigel