Síntesis del capítulo, Najum 3

Síntesis del capítulo, Najum 3

La caída de Ninvé, Nínive (Versículos 1-7)

El profeta inicia la profecía con el llamado "¡Ay!", característico de una elegía, y no sin razón. El profeta describe la destrucción de Nínive: "Chasquido del látigo, y estruendo de ruedas y de caballos galopantes y de carros saltantes, caballería que carga, brillo de espada, y relampagueo de lanza, y multitud de muertos; y montones de cadáveres; y no hay fin de los cuerpos muertos: tropezarán en sus cuerpos muertos" (versículos 2–3). La destrucción que sobrevendrá a Nínive la convertirá en objeto de humillación: "Y sucederá que cuantos te miraren, se alejarán de ti, diciendo: '¡Ninvé está asolada! ¿Quién se condolerá de ella? ¿De dónde buscaré consoladores para ti?'" (versículo 7).

Lección aprendida (Versículos 8-11)

En este párrafo el profeta le enseña a Nínive una importante lección teológica. El destino de Nínive es semejante al de los demás pueblos: "¿Eres tú acaso mejor que No-Amón, asentada entre los ríos, que tenía alrededor de sí las aguas; cuyo baluarte era el Nilo; y su muralla se levantaba desde el río?" (versículo 8), y así como cayó No-Amón, también caerá Nínive: "Tú también te embriagarás, quedarás desmayada, tú también buscarás refugio contra el enemigo" (versículo 11).

Burla a Ninvé (Versículos 12-17)

Continuando el primer párrafo, el profeta sigue burlándose de la Nínive destruida: "He aquí que tu pueblo será como mujeres en medio de ti; las puertas de tu tierra están abiertas a tus enemigos de par en par; el fuego devora tus cerrojos. ¡Sácate agua para el sitio, refuerza tus fortalezas; métete en el lodo, pisa el barro, y toma el molde! Mas allí te consumirá el fuego; la espada te destruirá, te consumirá como la langosta; aunque te multipliques como la langosta, aunque te multipliques como el langostón" (versículos 14–15).

La derrota del rey de Ashur (Versículos 18-19)

En el último fragmento, que cierra también el libro, el profeta se concentra en el rey de Asur, Asiria — como lo hizo también en el capítulo anterior —, pero esta vez lo menciona de manera explícita: "¡Duérmense tus pastores, oh rey de Ashur; reposan tus ilustres guerreros; anda tu pueblo disperso sobre las montañas, y no hay quien los recoja! No hay cura para tu quebranto; grave es tu herida; todos los que oyeren el rumor de ti, darán palmadas sobre ti; porque ¿sobre quién no ha pasado continuamente tu maldad?" (versículos 18–19).

Volver al capítulo
x