Síntesis del capítulo, Yejezkel 43

Síntesis del capítulo, Yejezkel 43

La presencia divina en el Templo (Versículos 1-12)

El hombre que guiaba a Yejezkel por el Templo futuro lo conduce hasta la puerta oriental, donde "y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía de la parte del oriente, y Su voz era como el estruendo de muchas aguas; y la tierra resplandecía con la gloria de Él" (versículo 2). Yejezkel atestigua que esta visión es semejante a la que contempló al comienzo de su período profético junto al río Kvar. Así, la gloria del Señor llena el Templo —"he aquí que la gloria del Señor llenaba el templo" (versículo 5)— y Dios se dirige a Yejezkel desde el interior del Templo, declarando que este será el lugar de su trono y de sus pies, donde morará entre los hijos de Israel para siempre, con la condición de que ya no profanen su santo nombre mediante sus infidelidades y los cadáveres de sus reyes.

Al final de este pasaje viene una conclusión que aclara cuál es la función de la visión del Templo futuro: "cuenta a la casa de Israel de este templo, (para que se avergüencen de sus iniquidades) y fíjense ellos en el diseño... dales a conocer la figura del templo, y su disposición, y sus salidas, y sus entradas, y todas sus formas, y todos sus reglamentos, y todas sus formas, y todas sus leyes; y escríbelo delante de sus ojos, para que guarden toda su forma y todos sus reglamentos, y los pongan en práctica" (versículos 10-11). La visión del Templo ideal no es, pues, un mero proyecto arquitectónico, sino un instrumento de arrepentimiento y compromiso moral para el pueblo.

El altar de la Olá, la ofrenda del holocausto (Versículos 13-27)

Este pasaje abre una nueva sección en la descripción del Templo futuro. Hasta aquí la profecía se había concentrado en la estructura del Templo y sus medidas. Los capítulos siguientes (44-46) tratarán sobre el servicio del Templo y los Cohanim, los sacerdotes. La descripción del altar sirve de puente entre ambas partes: este pasaje incluye tanto las medidas del altar como el orden del servicio en él.

El pasaje se abre con las medidas del altar y luego describe su inauguración. Al igual que en la consagración del Mishkán, el Tabernáculo, también aquí se trata de una ceremonia de siete días, aunque a diferencia de aquella, el énfasis recae sobre la consagración del altar y no sobre la ordenación de los Cohanim. También el número de sacrificios difiere: en el MIshkán se ofrecieron durante los siete días un novillo y dos carneros, mientras que aquí, el primer día se ofrece únicamente un novillo como ofrenda por el pecado, y en los días restantes un macho cabrío como ofrenda por el pecado, y un novillo y un carnero como holocausto.

Además, a diferencia del octavo día descrito en el libro de Vaikrá como un día de especial importancia en sí mismo, aquí ese día marca el fin de la consagración del altar y el comienzo del servicio regular en el Templo: " desde el octavo día en adelante ofrecerán los sacerdotes sobre el altar vuestros holocaustos y vuestras ofrendas pacíficas; y Yo los miraré propicio," dice el Señor Dios" (versículo 27).

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