Tres días de ayuno y plegaria

Tres días de ayuno y plegaria

Tras tres días de plegaria y ayuno, a raíz de la plaga de langostas, el pueblo recibe la buena nueva de que la plaga llegará a su fin y que a partir de ahora habrá abundancia.

Las tres primeras secciones del libro de Yoel giran en torno a la plegaria, el ayuno y las prácticas, a raíz de la plaga de langostas. Al parecer, el profeta Yoel estableció tres veces un día especial para advertir sobre la calamidad, y a cada día se le dedica una sección especial:

Primera sección (capítulo 1): Al principio el profeta dirige la atención de los acomodados, cuya riqueza les permite disfrutar del fruto de la vid y la higuera, hacia la magnitud de la calamidad que ha caído sobre toda la nación (2-12). Luego se dirige especialmente a los Cohanim, sacerdotes y les exige que se vistan de saco y proclamen un día de ayuno y oración. Todo el pueblo debe participar en la plegaria, que se celebrará a las puertas de la casa del Señor (13-14). Los Cohanim abrieron el orden de la oración con un grito amargo al Señor (15-20), y tras ellos el profeta pidió solo misericordia en favor de toda la creación (19-20).

Segunda sección (capítulo 2, versículos 1-14): El profeta ordena, probablemente a los sacerdotes, que suban a la cima del monte Tzión y proclamen, al son del Shofar, un día de ayuno, plegaria y arrepentimiento (1, 12, 13). En esta ocasión despliega una imagen estremecedora y detallada de la langosta y la terrible destrucción que trajo tras de sí sobre la tierra (2-11). Al final de sus palabras el profeta expresa su esperanza de que el Señor acepte su arrepentimiento y deje para sí una bendición (13-14). Aquí aparece por primera vez la posibilidad del arrepentimiento y la esperanza. Sin embargo, en esta sección no escuchamos sobre una asamblea del pueblo ni sobre actos simbólicos. Al parecer, el segundo día no se celebró oración pública. En soledad derramó cada uno ante el Señor la amargura de su corazón.

Tercera sección (capítulo 2, 15-27): Nuevamente el profeta ordena tocar el Shofar desde la cima del monte Tzión y proclamar un día de ayuno. Como en el primer día de ayuno, el profeta organiza también ahora una asamblea del pueblo (15), y esta vez con mayor solemnidad: ni una sola alma faltará entre los congregados (16). Los Cohanim, sacerdotes se disponen entre el pórtico y el altar y alzan su voz en llanto y súplicas ante el Señor (17). Al concluir su plegaria, el profeta se presenta ante el pueblo y les trae la gozosa buena nueva: su oración ha sido aceptada ante el Señor, quien consintió, en favor de Su pueblo y Su tierra, alejar de ellos la langosta (18-20) y poner fin a la sequía (21-23). Y no solo eso, sino que de aquí en adelante reinará gran abundancia en la tierra, y como compensación por el hambre sufrida anteriormente, les vendrá en el futuro una justicia y una bendición maravillosa para siempre (24-27).

Editado por el equipo del sitio del Tanaj

Cortesía sitio Daat.

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