Hubiera sido deseable que los exiliados que regresan a la tierra eliminaran la idolatría, pero en realidad no están destinados a cambiar su conducta, porque sus acciones están arraigadas en su corazón. Por eso, Dios lo hará mediante la transformación de su corazón.
Los versículos 17–25 tratan por primera vez en el libro de Yejezkel sobre el futuro de los exiliados. Después de profecías duras y severas, llega ahora la promesa de que los exiliados habrán de regresar a su tierra:
“Yo los juntaré de entre los pueblos, y los recogeré de entre los países, por donde han sido dispersados, y les daré la tierra de Israel” (versículo17).
Esta profecía no depende de que el pueblo cambie sus acciones. Al contrario, ocurre lo opuesto: Dios habrá de reunirlos, congregarlos y darles la tierra de Israel, mientras el pueblo continúa aferrándose a sus pecados:
“Pero en cuanto a aquellos, cuyo corazón sigue andando tras sus cosas detestables y sus abominaciones, Yo haré recaer su proceder sobre su misma cabeza” (versículo 21).
Aun después del regreso a la tierra, sus pecados seguirán existiendo en su corazón (“corazón de sus ídolos”, “corazón de sus abominaciones”). Por ello, su corazón será reemplazado por Dios:
“Y Yo les daré un solo corazón, y un nuevo espíritu pondré dentro de ellos, y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne; a fin de que caminen en Mis estatutos y guarden Mis preceptos y los cumplan” (versículos 19–20).
Y solo de esta manera, y solo entonces, serán eliminadas las abominaciones y los ídolos. Solo entonces se alcanzará la fórmula de la alianza entre Dios y su pueblo:
“Y ellos serán mi pueblo, y Yo seré su Dios” (versículo 20).
De este modo se enfatiza que, al final, no es el pueblo retornado quien eliminará de su corazón las abominaciones y los ídolos, como hubiera sido deseable. Hubiera sido preferible que los exiliados que regresan a la tierra eliminaran la idolatría, pero en realidad no modificaron su conducta, pues sus acciones están arraigadas en su corazón. Por lo tanto, Dios lo hará transformando su corazón.
Como resultado del otorgamiento del “corazón de carne” por parte de Dios, se podrá garantizar que a partir de entonces se comportarán según Sus estatutos, guardarán Sus decretos y además los cumplirán (nótese el triple énfasis).
Así, esta profecía completa la respuesta que el libro de Yejezkel da a la objeción de los habitantes de Ierushalaim: los exiliados están destinados a regresar a su tierra, aunque ellos también persisten en sus pecados.
El análisis de estos versículos muestra que, aunque en apariencia se trata de una profecía de consuelo, en realidad es un “consuelo parcial”: Dios ciertamente habrá de devolver a Su pueblo a su tierra, pero sin que el pueblo cambie su conducta, y el profeta concluye con palabras duras:
“Yo haré recaer su proceder sobre su misma cabeza” (versículo 21).
Editado por el equipo del sitio del Tanaj.
Cortesía sitio VBM de la Academia Rabínica “Har Etzion”.