Estos son los días del final del Primer Beit HaMikdash, el Gran Templo. El frente norte se acerca cada vez más, el reino de Israel ya ha caído, y los habitantes de Ierushalaim permanecen indiferentes como si nada hubiera sucedido. Irmiahu deambula por la ciudad, reprochando a los habitantes de Ierushalaim y difundiendo sombrías profecías. Frente a él está todo el establecimiento: profetas y sacerdotes, reyes y líderes.
Irmiahu se desgarra entre la palabra de Dios que lo impulsa a hablar, y la respuesta cínica de sus oyentes. "¿A quién he de hablar y testificar, de modo que oiga? He aquí que está tapado el oído de ellos, de manera que no pueden escuchar; he aquí que la palabra del Señor ha venido a ser un oprobio para ellos; no tienen deleite en ella" (capítulo 6, versículo 10)
La desconexión entre el profeta y sus oyentes se basa en un desacuerdo sobre las cuestiones fundamentales que determinan el comportamiento de una nación: ¿Quién expresa la voluntad de Dios, el profeta o los líderes? ¿Quién entiende mejor las leyes, el profeta o la multitud? ¿Y quién es capaz de analizar la situación política con mayor precisión, el profeta pesimista o los políticos optimistas?
Los oyentes de Irmiahu discuten con él y afirman: "Somos sabios y la ley del Señor está con nosotros" (capítulo 8, versículo 8) Pero Irmiahu clama contra ellos: "he aquí que la pluma mentirosa de los escribas la ha cambiado en mentira” (capítulo 8, versículo 8) Los escritos que ustedes aceptan son escritos de mentira.
Y la principal diferencia entre Irmiahu y sus opositores está en la evaluación política de la época. Los sacerdotes y profetas proclaman: "¡Paz, paz!", y Irmiahu repite su llamada con burla: "¡Paz, paz – cuando no hay paz!" (capítulo 6, versículo14; capítulo 8, versículo 11).
La descripción de los falsos profetas se repite dos veces - una vez en el capítulo 6, y otra en la descripción de la derrota, en el capítulo 8. Y en ambas continúa la descripción con la cuestión del examen de conciencia que hacen los falsos profetas: "¿Acaso se avergüenzan cuando cometen abominaciones? (capítulo 6, versículo 15; capítulo 8, versículo 12) – “¿Acaso se avergüenzan cuando cometen abominaciones? No, por cierto, que en nada se avergüenzan, ni aun saben ruborizarse" (capítulo 6, versículo 15; capítulo 8, versículo 12).
Y una vez más Irmiahu vuelve y propone al pueblo que pregunte por los senderos antiguos: "¿cuál sea el camino bueno, y anden en él; y hallarán descanso para vuestras almas” (capítulo 6, versículo 16), y nuevamente viene la respuesta: "No andaremos" (capítulo 6, versículo 16).
Una ruptura completa entre el profeta y su audiencia. Y solo la historia dirá cuál de los dos tendrá razón.
Editado por el equipo del sitio del Tanaj.
Extraído del sitio DAAT.