Una vid quemada

Una vid quemada

La capacidad de influir depende de la habilidad del que habla para llegar al mundo de las asociaciones del oyente. Yejezkel quiere sacudir al pueblo, arrancarlo de su complacencia. Desarraigar la euforia en la que el pueblo está sumido. Y utiliza una imagen familiar para el oyente: la imagen de la viña. Una imagen que evoca toda una red de asociaciones entre los oyentes.

El profeta Yejezkel no es agricultor, ni tampoco instructor agrícola. En su profecía se apoya en que el oyente recuerda otra profecía, una profecía que resonó en las calles de Ierushalaim cien años antes. Y así dijo el profeta Yeshaiahu a los habitantes de Ierushalaim:

"Déjenme cantar del amado mío, el cántico de mi amigo respecto de su viña: Tuvo mi amado una viña en una colina feraz (fértil); y la cavó, y la despedregó, y la plantó de la vid más escogida... y esperó que diese uvas, mas dio agrazones (uvas silvestres)...Ahora, pues, dejen que les haga saber lo que voy a hacer a mi viña: Quitaré su seto vivo, y será pastada; derribaré su albarrada, y será hollada..." (Yeshaiahu, capítulo 5)

El oyente ahora comprende a qué apunta el profeta. La viña es la casa de Israel y el hombre de Iehudá. La viña es el oyente, son los habitantes de Ierushalaim que quedaron como remanente, y ellos esperan la victoria sobre Bavel, Babilonia, en contradicción con las palabras de los profetas que claman a ellos mañana y tarde.

Y el profeta Yejezkel habla del sarmiento de la vid quemado, y el oyente comprende: no es el sarmiento el que será quemado, sino Ierushalaim. No es el sarmiento el que carece de valor, sino los habitantes de Ierushalaim.

Pero esto no es suficiente. El mundo de asociaciones del árbol quemado arrastra al oyente a otra profecía, a una nueva red de asociaciones. También esta es de las profecías de Yeshaiahu a los habitantes de Ierushalaim.

"El artifice (artesano) en madera extiende cuerda de medir...y la hace en forma de un hombre, según la hermosura de un ser humano, para que habite en casa...Parte de él la quema en el fuego; con parte de él come carne...¡Y de lo que sobra hace un dios, escultura suya; se postra ante él, y lo adora" (Yeshaiahu, capítulo  44, versículos 13, 16,17)

La red asociativa se despliega ante los pies del oyente. Ahora el árbol quemado no es solo el hombre de Ierushalaim, sino también su dios. En lugar de alegría necia por la calamidad que está lejos, en lugar de gritos de júbilo "no está cerca [la calamidad], construyamos casas, ella es la olla y nosotros la carne" - en lugar de estos gritos surge una imagen de fuego, de hollín y de calamidad. Y el quemado es el hombre de Ierushalaim. Y los quemados son sus ídolos, en los que tanto confía.

Y hay aquí otro aguijón doloroso para la aristocracia jerosolimitana. En el capítulo 8 aparece un versículo incomprensible, que describe a veinticinco hombres que se postran en la entrada del templo de Dios. Y la palabra de Dios a Yejezkel: "y luego se vuelven para provocarme a ira y ¡he allí, cómo aplican el ramillete a la nariz! ". Y Yejezkel traslada la expresión "el ramillete", y lo convierte en sarmiento de vid. Pero no un sarmiento de vid completo, que tampoco prosperará, sino un sarmiento quemado, que prosperará aún menos que aquel.

La red asociativa se despliega ante los pies del oyente, y ahora comprende las palabras del profeta. El culto a Tamuz y la adoración del ramo en el templo - son símbolo de fracaso, no de éxito. Del ramo aquel, el oyente pasa a la viña de la casa de Israel de Yeshaiahu, y recuerda lo que está destinado a la viña que pervirtió su camino. Y de aquí a la imagen de Yejezkel, al sarmiento quemado, que es el habitante de Ierushalaim, y es también su dios.

Y ahora Yejezkel puede interpretar su parábola. El oyente ya sabe cuál será la moraleja, y Yejezkel solo revela la interpretación en la que el oyente está pensando, la interpretación de la que el oyente se estremece...

Editado por el equipo del sitio del Tanaj.

Cortesía sitio DAAT.

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